Anusim en el Salvador: mucho m?s que comunidades emergentes
Cuando, junto con Margalit, mi esposa, decidimos ir a pasar una larga temporada en El Salvador, donde reside mi hijo con su familia, lo primero que me pregunt? fue si en aquel pa?s centroamericano habr?a jud?os. S? por experiencia lo que significa alejarte durante un tiempo considerable de tu comunidad, aunque sea tan peque?a como la m?a. Algo hab?a o?do en Shavei acerca de la existencia de unos anussim salvadore?os, as? que escrib? al Rabino Eliahu Birbaum. El fue qui?n mand? una carta de presentaci?n a Eliyahu Franco, presidente de la Federaci?n de Comunidades Sefard?es de El Salvador. A?n no hab?a abandonado Mallorca y ya ten?a la respuesta llegada desde el pa?s de los volcanes y los lagos: estaban encantados con mi visita y, al tiempo que me acog?an como miembro temporal de sus comunidades, me invitaban a contarles mi experiencia personal y la de los chuetas mallorquines.
En el peque?o pa?s salvadore?o existe una comunidad reformista asentada alli desde antes de la Sho?. A ella fuimos tambi?n invitados en el primer shabat despu?s de nuestra llegada. Me encontr? con Fernando, un rabino procedente de Argentina que me acogi? con suma amabilidad. Vi una comunidad en cierto sentido parecida a la de Palma -te?ricamente ortodoxa- que dispone de una amplia y hermosa sinagoga y de unas instalaciones anexas que podr?an ser la envidia de cualquier jud?o. Aquella noche se celebraba un Bar Mitzv? y la verdad es que no percib? diferencias notables respecto de otros actos de culto a los que hab?a asistido.

No hab?a duda: estaba en casa. Mejor que en casa, puesto que all? no hab?a problemas de mini?n ni concesiones al relajo. Ni en las comunidades jud?as m?s ortodoxas hab?a visto el rigor y la seriedad con que me encontr? en Bet Israel.
Un congreso peculiar
Un domingo Eliyahu me invit? al Congreso de Comunidades. Les honraban con su presencia el embajador de Israel en El Salvador y el rabino Itzjak Aboud, enviado expresamente desde M?xico por Shavei Israel. Aquel d?a tuve ocasi?n de contar la historia de los chuetas mallorquines, la de mi retorno personal y el guiur de Margalit. Me escuchaban maravillados. Cuando ve?a sus caras, no pod?a evitar un pensamiento: son tan jud?os como yo o como cualquier otro; m?s, incluso, porque son fieles cumplidores de la Halaj?. Les dije que ellos eran el ejemplo para m? y no al rev?s. Lo dije y lo sent? en lo m?s profundo de mi coraz?n. Iehudim, descendientes o no de nuestra estirpe, por la voluntad y el compromiso de serlo.
Otro d?a, tambi?n en domingo, visitamos junto con Eliyahu las peque?as comunidades de Armenia e Izalco. All? la 
Personalmente, tanto mi esposa como yo hicimos una gran amistad con Eliyahu Franco y su familia. Ellos nos ense?aron su pa?s, compartieron su comida con nosotros y nos explicaron sus anhelos. Nos despedimos con un compromiso: el de luchar para que ?stos se cumplan y el de volver a verlos. En El Salvador o en Israel.
