El arte y el poder de la palabra – Parashat Juk
Rabino Eliahu Birnbaum

Mosh? recurre otra vez m?s a Dios. Dios le indica utilizar la palabra como herramienta, para hacer manar agua de una roca. Mosh? se desv?a de las indicaciones recibidas. No nos queda claro por qu? lo hace, pero, en lugar de hablar a la roca, la golpea: dos veces. Dios considera la acci?n de Mosh? como una profanaci?n: “…no tuvieron fe en m? para santificarme ante los ojos de los hijos de Israel…”; y condena a Mosh? a un castigo terrible. El, que sac? al pueblo de la esclavitud, que so?? y los hizo so?ar con la tierra de Israel, ya no podr? entrar en ella; deber? morir sin verla por no haber permitido que el flujo repentino de agua fuera un acto de santificaci?n de Dios y un acto de fe.
Este episodio es uno de los m?s inquietantes explicados e interpretados de toda la Tor?. ݿEn qu? radica la inmensa gravedad del pecado, por el que Mosh? recibe tan grave castigo?
El hombre fue creado con la facultad de articular un lenguaje hablado, de comunicarse a trav?s de la palabra. No s?lo tiene la posibilidad de pensar; tambi?n puede transmitir lo que piensa y comunicarse con lo que piensan los dem?s.
El uso de la palabra es un arte que permite la comunicaci?n del pensamiento, y que es capaz tambi?n de su ejecuci?n.
La sociedad, incluso la que gobierna Mosh?, necesita de jueces y polic?as, de leyes y normas de conducta. Pero el gobierno, el liderazgo en s? – que es previo y condici?n de lo dem?s- debe estar fundamentado en la palabra, en la posibilidad de comunicaci?n. Mosh?, al golpear la roca en vez de hablarle, hace fracasar el camino de gobierno que Dios quer?a establecer con el pueblo de Israel fundamentado en la palabra.
En su explicaci?n a este relato, el Rabino Soloveitchik establece que hay dos tipos de liderazgo. El de la espada, que gobierna por medio de la fuerza, del miedo y de las masas que temen a su l?der. Y el de la palabra, que gobierna por medio de la ense?anza, de la reflexi?n y de la sabidur?a: es el camino de la educaci?n.
Mosh? estaba s?lo para liderar al pueblo; deb?a gobernar por la palabra. En este caso, dio la imagen de haber perdido el control, de haber intentado ejercer el gobierno de la espada. Incluso golpea dos veces, reincide en su error. La falta m?s grave de quien intenta gobernar por la palabra es perder la fe en sus propias palabras.
Cuando se pierde la fe en la palabra, cuando se apela a la espada, se pierde la posibilidad de educar, se pierde la transmisi?n de mensajes; se pierde la riqueza del acto mismo de la comunicaci?n. Probablemente, gran parte de los problemas que viven el juda?smo y el pueblo jud?o en la actualidad (ݿla humanidad quiz??) est?n arraigados en el alejamiento de la palabra, en la p?rdida del arte de la comunicaci?n, en la necesidad insatisfecha de dialogar y educar.