
Esta semana se conmemora el aniversario del fallecimiento de una de las más grandes figuras judías de los últimos cinco siglos, un hombre cuya erudición y servicio público fuera tan impresionantes que a pesar del paso de muchas generaciones, se sigue destacando en los anales de nuestro pueblo.
Fue el 29 de tishrei del año 5269 en el calendario hebreo (o 1508 en el gregoriano), que Isaac Abarbanel, rabino, exégeta y financiero real, regresó su alma a su Creador después de una carrera extraordinaria y turbulenta.
Al recordar a esta figura heroica, cuyas obras y comentarios bíblicos-filosóficos todavía se estudian hoy en día, vale la pena destacar una previsión profética que él hizo, que reiteró en varias ocasiones y que ahora, por fin sucede ante nuestros ojos: el regreso de los Bnei Anusim españoles y portugueses, o judíos conversos a la fuerza, al pueblo de Israel.
El Abarbanel, como se le conoce, nació en 1437 y creció en Lisboa, Portugal, donde demostró ser estudiante prodigioso, escribiendo complejos tratados filosóficos judíos cuando todavía era un hombre joven. Su intelecto y vasto conocimiento de varios temas, llamaron la atención del rey portugués Alfonso V, quién lo designó para servir como tesorero de la monarquía.
En 1483, tras la muerte del rey, el Abarbanel se enteró de un complot tramado contra él y huyó a España, donde reconstruyó su vida y una vez más fue cortejado por la realeza. El erudito, convertido en estadista, ayudó el rey Fernando y a la reina Isabel a financiar la guerra de Granada, que culminó con la derrota y expulsión de los moriscos musulmanes de Iberia después de siete siglos de ocupación.