Parashá Metzorá

Parashá Metzorá

1ª. Aliya (Vayikrá 14:1-12) Purificación de Tzarat: Cuando el Cohen determina que el Tzarat de la piel disminuyó, la/el Metzorá se compromete al proceso que le va a permitir entrar nuevamente al campamento, aunque por siete días adicionales no puede entrar al Mikdash. Afuera del campamento se toman dos aves, uno se sacrifica, el otro se moja en la sangre y el agua, junto con madera de cedro, un hilo rojo y un hisopo. Se salpica a la/el Metzorá con la sangre y el agua. Se deja volar al pájaro vivo. La/el Metzorá se sumerge. El octavo día: En el octavo día se afeita el cabello, se sumerge y ofrece sacrificios.

El proceso de purificación de Metzorá tiene dos etapas. La primera etapa se hace fuera del campamento o de la ciudad. Después de siete días, se hace un segundo proceso en el octavo día. La descripción se encuentra en la próxima aliya.

El proceso de purificación de Metzorá es único. Tiene tres elementos inusuales. 1) Se toman dos aves fuera de la ciudad, se mata una y la otra se deja libre. 2) Se usa un hisopo, un hilo y madera junto con el pájaro para salpicar al Metzorá en orden de purificarlo. 3) En el octavo día, se pone sangre y aceite en la oreja, en el pulgar y el pulgar del pie del Metzorá.

Cada uno de estos elementos inusuales se encuentran en otros lados. Yom Kipur. Pará Adumá, la novilla roja. Y la inauguración de los Cohanim.   

  • Las dos aves, una sacrificada, la otra libre. Eso es Yom Kipur. Dos cabras. Una sacrificada y una enviada al desierto. Las cabras son instrumentos de expiación, kapará.
  • El hisopo que se usa para salpicar a la persona es la pará adumá, la purificación de una persona después del contacto con los muertos. La salpicadura es el instrumento de purificación, tahará.
  • El colocar aceite en la oreja, el pulgar y el pulgar del pie era el instrumento de inauguración de los Cohanim, logrando santidad, kedushá.

La purificación del Metzorá es la kapará de Yom Kipur, la tahará de la pará adumá y la kedushá de la inauguración de los Cohanim. Kapará, Tahará y Kedushá: expiación, purificación y santidad.

La/el metzorá es la tumá mas dramática.  Se lo manda completamente fuera del campamento. El reingreso al campamento y luego al Mikdash es también el más dramático: elementos de Yom Kipur de Kapará, de expiación, elementos de Pará Adumá, de Tahará, de pureza y elementos de inauguración, de Kedushá, de santidad.

Tenemos una noción de tumá que hemos estado desarrollando. El Mikdash es el encuentro del hombre con la Shejiná. La Divinidad nos invita a este encuentro: somos invitados debido a la visión de D-os del hombre como majestuoso, noble, digno. Merecedor de la invitación. Tumá es el encuentro del hombre con situaciones de vida que dañan nuestro sentido de nobleza y dignidad. Encuentros con nuestra mortalidad, nuestra tosca realidad corporal, las partes de nuestra vidas que compartimos con todo el mundo animal. Esto incluye muerte, enfermedad, procreación y comida. Nuestra nobleza reside en nuestra condición humana única, nuestra comunicación, nuestra naturaleza social.

La dignidad y nobleza del Metzorá es dañada por la naturaleza pública de las lesiones, la descoloración de la piel. Más aun, su naturaleza majestuosa es dañada por la necesidad de aislamiento, la pérdida de interacción social. Un doble golpe a su dignidad: la vergüenza de las manchas visibles de la piel y la necesidad del aislamiento social.

Para recobrar su elevada dignidad, necesita kapará y tahará, dos procesos de renovación, de limpieza Divina. Kapará y tahará son señales Divinas de favor Divino. El amor Divino por el hombre se expresa en Su disponibilidad de acercarse a nosotros, de perdonar, de limpiar el pasado. Kapará y tahará son la afirmación del hombre por D-os.

2ª. Aliya (14:13-20) Se trae el sacrificio: su sangre se pone en la oreja, el pulgar y el pulgar del pie del Metzorá. Se salpica aceite frente a la cortina y se pone en la oreja derecha, pulgar y pulgar del pie del Metzorá. Con estos, el Cohen suministró kapará para el/la Metzorá y logra tahará.

La ubicación inusual de la sangre y el aceite en la oreja, el pulgar y el pulgar del pie, son elementos prestados de la inauguración de los Cohanim, la entrada a la kedushá. El/la Metzorá es equiparado, o por lo menos asociado con la santidad de los Cohanim. Haciendo esto, afirma que todos estamos dotados de santidad, que nuestro propósito es elevado. El/la Metzorá emerge de este complicado proceso de tahará habiendo afirmado nuevamente el estado digno y elevado del hombre, amado por su Creador, dotado de kedushá. En este estado nuevamente afirmado puede encontrarse de nuevo en el Mikdash, como los dignos son llamados por la Shejiná.

3ª. Aliya (14:21-32) La alternativa menos costosa: Si uno es incapaz de poder pagar el sacrificio indicado mas arriba que se trae en el octavo día para Metzorá, se ofrece una alternativa menos costosa, usando aves en lugar de uno de los sacrificios de animales. Se hace todo el proceso delineado arriba para proveer kapará y tahará para el/la Metzorá.

4ª. Aliya (14:33-53) En la tierra de Israel, las casas también estarán sujetas a Tzarat. El Cohen examinará las señales. Si declara Tzarat, todo lo que se encuentra en la casa es tamei, por lo tanto, hay que sacar todo antes de la declaración del Cohen. Si las señales se esparcen durante los siete días siguientes, el Cohen ordenará la eliminación y el reemplazo de las piedras. Si el esparcimiento persiste, el Cohen puede ordenar que derriben la casa. Si el Cohen declara la casa tahor, se toman dos aves, se mata una, se sumerge la otra en la sangre y madera de cedro, un hilo rojo y un hisopo. Se libera al pájaro.

Una persona puede volverse tamei si está en una casa con Tzarat. Hemos argumentado que la entrada al Mikdash requiere que una persona reconozca su estado de nobleza en su vida. Pero la vida puede dañar nuestra nobleza, haciéndonos subestimarla. Pero también puede pasar que se nos ofrece la vida en una fuente dorada, exagerando la percepción de nosotros mismos. Somos nobles. Pero no por nuestras posesiones. Mas bien por lo que somos. Nuestras casas pueden ser la fuente, no de nobleza disminuida, pero de arrogancia. Nosotros, en el mundo moderno, sabemos muy bien que la fabulosa riqueza de nuestros tiempos puede distorsionar nuestra sana autopercepción. La dignidad del hombre no se encuentra en la grandeza de su casa, pero en la grandeza de su persona. Una roncha sobre tu casa, si te desorbitó tu dignidad humana convirtiéndola en arrogancia.  

5ª. Aliya (14:54-15:15) A Zav, un hombre, tiene una eyaculación inusual de su miembro de procreación. Vuelve tamei a otros y requiere un proceso de purificación con la ofrenda de dos aves, al final de siete días.

6ª. Aliya (15:16-28) Una eyaculación regular de un hombre, produce tumá de bajo nivel. Nida: el sangramiento menstrual regular de una mujer, la vuelve temeya por siete días, transfiriendo su tumá a otros, incluso a través del tacto. Zava: una mujer que sangra inconsistentemente con su período regular es una Zava, su tumá similar al hombre Zav. Ella cuenta siete días antes de volverse tahor.

La procreación también puede llevar a una autopercepción exagerada; la creación no es sólo Suya, pero también es nuestra. Él da vida. Nosotros damos vida. La sana autoimagen de nuestra dignidad y majestuosidad puede dañar nuestra vida material en dos direcciones, menoscabada y exagerada. Si nuestra visión es demasiado baja, no somos más que animales. O demasiado alta, como creadores, dejando menos lugar para El Creador. Tal vez estas leyes relacionadas con las anomalías de los órganos de procreación se relacionan con la posibilidad o tal vez la tendencia de los seres humanos de atribuirse ideas desmedidas de si mismos como creadores, en lugar del Creador.

7ª. Aliya (15:29-33) Se traen ofrendas con la suspensión de estos sangramientos inusuales.

Las leyes de tumá y tahará no son parte de nuestro mundo. Las leyes son complejas. La vida en los tiempos del Mikdash, el mundo de tumá y tahará, sería irreconocible para nosotros. Estaríamos perdidos en ese mundo, sin saber lo que hacer. Tenemos vestigios- el lavado de las manos antes de comer pan. Y lavarnos las manos en el seder antes de karpas. El seder es tal vez la única vez que entramos en el mundo de tumá y tahará, solo un poco, para transportarnos, aunque solo sea por un instante al mundo del Mikdash, al mundo de tumá y tahará.


Sobre el Autor:

El Rav Reuven Tradburks es el director de Majón Milton, el curso preparatorio en inglés para conversión, una asociación del Concilio Rabínico de América (RCA) y Shavei Israel. Además, es el director del RCA-Región Israel. Previamente a su aliya, el Rav Tradburks, sirvió 10 años como el Director de la Corte de Conversión del Vaad Harabonim de Toronto y así mismo como rabino de congregación en Toronto y en los Estados Unidos.

 

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