Soldado lucha por la aliá de su familia

Soldado lucha por la aliá de su familia

Durante un enfrentamiento con la guerrilla Hizbala en el Líbano, el Sargento Avi Hangshing oyó una gran explosión y se echó al suelo para cubrirse. Mientras los dos soldados intercambiaban fuego pesado, él gradualmente perdió su oído y su balance.

Habiendo sido liberado del ejército para un tratamiento médico la semana pasada, Hangshing dijo que todavía estaba caminando “como un borracho”.

La escaramuza libanesa pudo haber sido la batalla más debilitante que Hangshing haya combatido, pero fue a duras penas su primera. Antes que Hangshing haya podido unirse al Ejército de Defensa de Israel, tuvo que luchar para ser recibido en el país.

Ahora tengo que luchar por el país,” dijo el paracaidista de 22 años, quien nació en la India.

Hangshing es uno de muchos soldados de combate de herencia Bnei Menashe que actualmente prestan su servicio en el Líbano o Gaza. Todo ellos tiene pariente – algunos, familia cercana – que todavía están en la India y no pueden venir a Israel porque el gobierno no les ha dado el visado.

Unos 7000 Bnei Menashe viven en la India y afirman ser una “tribu perdida” con raíces judías. En años recientes han retornado al judaísmo y están estudiando para la conversión. Unos 1000 ya se han convertido y les fue permitido venir, pero el gobierno puso un aplazamiento para convertir a los otros hasta no haber revisado la política respecto a este grupo.

Hangshing tiene cuatro tíos y otros tantos primos, que han estado esperando para hacer aliá desde que su familia más cercana hizó aliá en el 2000. A pesar que sus parientes observan la halajá, Hangshing dice que “mientras estén allá, ellos seguiran estando perdidios.”

Hangshing dice estar “enfadado” en cuanto a esta situación y cuestiona la razón por la cual el gobierno los mantiene alejados del país a pesar del aporte hecho por esta comunidad.

Quienes se oponen a su venida argumentan que ellos están viniendo sólo por razones económicas, exhortados por grupos derechistas que desean poblar los territorios.

Hangshing, como la mayoría de los Bnei Menashe en Israel, vive al otro lado de la Línea Verde, pero los partidarios del grupo niegan rotundamente esta crítica.

“La gente sólo se fija en la piel,” contesta Tzvi Kaute, quien acusa que la política del gobierno proviene del hecho que él y sus compañeros Bnei Menashe físicamente parecen filipinos. “Nos juzgan por nuestra apariencia.”

Kaute, quien trabaja para Shavei Israel, un grupo que apoya a los Bnei Menashe para que les sea permitido venir aquí, dice que, “somos parte del pueblo de Israel y no queremos estar en el exilio.”

Y ser parte del pueblo de Israel significa unirse al Ejército de Defensa de Israel, dice él. “Es nuestro deber como ciudadanos servir a nuestro país…es parte de la nación judía, parte de la familia judía.”

Hangshing, quien espera hacer carrera militar, dice que había considerado cuando era niño unirse al ejército de la India porque se sentía atraído a la experiencia militar.

“Aquí no es una experiencia,” dice. “Aquí es por mi país, por algo que me importa.”

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