Reconocen a tribu hindú como una de las tribus perdidas de Israel

Reconocen a tribu hindú como una de las tribus perdidas de Israel

El Rabinato ha decidido reconocer como judíos a los miembros de una antigua tribu de la India conocida como los «Shing-Long» y asegura que son los descendientes de una de las 10 tribus perdidas de Israel.  La máxima instancia religiosa del Estado de Israel ha fallado que los «Shing-Long» -también autodenominados «Lu-Shi» (literalmente «Las Diez Tribus»), son los descendientes del bíblico Menashé y por lo tanto judíos en potencia. 

Menashé era uno de los dos hijos de Yosef, hijo preferido de Jacob y a quien el patriarca dio doble herencia: «Y tus dos hijos que te han nacido en la tierra de Egipto, hasta que vine a ti, Efraim y Menashé, a mí son. Como Reuvén y Shimón serán para mí», refiere el Genésis.  Esa tribu desapareció junto con otras nueve durante el exilio judío en Babilonia en el siglo VIII a.c., cuando el bíblico reino de Israel fue destruido y sus habitantes dispersados por los Asirios.

Conocidos hoy en Israel como los «Bené Menashé» (Hijos de Menashé), la «Shing-Long» forman una tribu de entre 750.000 y 1,2 millones personas y están asentados en las regiones de Mizoram y Manipur, en el noreste indio, junto a la frontera con Myanmar
(antigua Birmania).

El primer contacto con ellos lo tuvo el rabino Elyiahu Avijail en 1979, a raíz de una serie de artículos en la prensa y el envío de dos representantes de la tribu a Israel para que sondearan la posibilidad de emigrar a este país.  Autor del libro «Las Tribus de Israel», Avijail no deja lugar a dudas del vínculo entre las dos tribus.  «Rezan al Dios de Menashé, y se conocen entre ellos como los descendientes de Menashé», dice en su libro quien también encabeza una fundación denominada «Amishav»
(Mi pueblo regresa).

«Amishav», y su recién creada subsidiaria «Shavei Israel» («Los que regresan a Israel»), están dedicadas a la búsqueda de las tribus perdidas y a la restitución al judaísmo de los descendientes de judíos que fueron obligados a convertirse a otras religiones.

«En el caso de los Bené Menashé no tenemos documentación escrita anterior al siglo XIX, cuando los misioneros cristianos que llegaron con el Imperio Británico los convirtieron al cristianismo», afirma Mijael Freund, presidente de la segunda de las fundaciones.
Pero asegura que de los estudios que han realizado, los «Shing-Long» cumplen una serie de tradiciones que son exclusivamente judías, como es el derecho de una viuda sin hijos a tener sucesión por parte del hermano de su difunto marido. «Tienen además una bendición colectiva -agrega Freund- que es algo así como ‘Nosotros los hijos de Menashé aún portamos el legado'».

El regreso de los «Shing-Long» al judaísmo comenzó de forma independiente hace unos 50 años, cuando muchos de ellos se apartaron del cristianismo.  «Ellos tenían una antigua creencia histórica acerca de un hombre que vendría de occidente para devolverles el Libro (la Torá) y cuando vieron a los misioneros con los Evangelios creyeron que había llegado su redención», explica Avijail.

Pero pasaron los años y muchos se dieron cuenta que no era esa la profecía, por lo que decidieron volver a sus antiguas  costumbres.

Fue la creación del Estado de Israel en 1948 la que despertó en ellos el viejo vínculo, aunque por aquel entonces las autoridades religiosas y civiles de este país les cerraron sus puertas.  Sólo en 1980, tras visitarles y constatar el recuento de los dos enviados, Avijail les tendería el primer puente.

A principios de los noventa, tras un proceso de acercamiento al judaísmo in situ, la fundación «Amishav» trajo a un grupo de cien y más adelante en varias tandas, a otros 700.

La mayoría de ellos vive en colonias de Cisjordania y Gaza, según Freund, «debido a que los colonos fueron los únicos dispuestos a ofrecerles ayuda». Y es que hasta hoy, viernes, el Rabinato no reconocía el vínculo de los «Shing-Long» con el judaísmo y se negaba a darles cualquier tipo de asistencia.

La decisión de aceptar a los 6.000 o 7.000 miembros judíos de la tribu -el resto siguen siendo cristianos- la ha tomado el Gran Rabino sefardí, Shlomo Amar, después de muchos estudios e investigaciones. El Rabinato ha analizado sus costumbres y su origen étnico, así como documentos y los resultados de pruebas genéticas.

Amar solo ha condicionado la «repatriación» a un proceso de conversión según las leyes religiosas judías, tras lo cual el Estado de Israel les permitirá acogerse en el futuro a la «Ley de Retorno» y radicarse en este país con todos los derechos.

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