Traer a los Bnei-Menashe de Retorno a Israel

Traer a los Bnei-Menashe de Retorno a Israel

A varios husos horarios de distancia, en el noreste de la India, viven miles de hombres y mujeres que anhelan unirse al pueblo Judío. Repartidos a lo largo de los pueblos y aldeas de los estados de Mizoram y Manipur en la India, viven según la ley Judía, observan el Shabát y las festividades e incluso rezan en Hebreo, orientando sus rostros, y sus sueños, en dirección a Sión.

Autodenominados Bnei-Menashé, o «Hijos de Manasés», ellos creen ser descendientes de la tribu Israelita de Menashé, que fue exiliada de la Tierra de Israel por mano los Asirios,  más de 2.700 años atrás. Pese a haber llevado una vida errante por siglos, han preservado fragmentos de su antigua herencia Judía, y ahora desean retornar a su pueblo.

A inicios del año 2002, junto al Gran Rabino de Efrat Shlomo Riskin, el Rabino Eliahu Birnbaum por parte del Gran Rabinato, el Rabino Eliahu Avijail de Organización Amishav, y el Rabino David Avijail de Mitspéh Ramón, viajé a la India a visitar la comunidad y obtener una impresión de primera mano acerca de sus vidas. Lo que encontramos fue nada menos que una lección inspiradora acerca del poder de la memoria Judía.

Pese a que los misioneros Británicos arribaron a la región hace más de cien años y obtuvieron éxito en su empeño de convertirlos, la conciencia Judía de los Bnei-Menashé se mantiene fuerte. Las costumbres vigentes hasta el arribo de los misioneros incluían la ciruncisión en el octavo día tras el nacimiento, el matrimonio por levirato, y rituales de sacrificio pasmosamente próximos a los del antiguo Israel.

Un anciano cuyo tío fue sacerdote antes del arribo de los misioneros Británicos, describió uno sacrificio primaveral en el que la carne debía ser cuidadosamente separada de los huesos para evitar que ninguno de éstos se quebrara, lo que tornaba inválida la ofrenda. La sangre del animal era untada en los marcos de las puertas. Es ocioso decirlo: la similitud con las leyes que rigieron el antiguo Pésaj resulta insoslayable.

El hombre también recitó algunos de los cantos que acompañaban el sacrificio, aprendidos en su niñez: cantos que relatan y elogian el éxodo de sus ancestros de Egipto, la vida de los patriarcas Abrahám, Itsják y Iaakov, y, por supuesto, Menashé (Manasés), visto como el iniciador de la línea genealógica de Bnei-Menashé.

Aún los Cristianos en Mizoram, los tenderos, comerciantes y profesionales con quienes nos encontramos, reconocen todos su ascendencia Israelita.
Rav Avijail es el mentor y guía espiritual de los Bnei-Menashé. El se enteró de su existencia hace más de dos décadas, y luego de investigar minuciosamente sus alegatos, llegó a la conclusión de que, en los hechos, ellos son efectivamente «Judíos extraviados». Luego de nuestro reciente viaje a la zona, Rav Riskin, Rav Birnbaum y yo mismo hemos sido persuadidos de igual modo.

No debemos olvidar que ésta no sería la primera vez que se halla nuevamente una de las tribus perdidas. Tomemos, por ejemplo, a los Judíos Etíopes, cuya aliáh a Israel fue nada menos que un milagro de los tiempos modernos. Cuando el Superior Rabinato dictaminó en 1973 que ellos eran Judíos, se basó en parte en la creencia de que los Etíopes eran descendientes de la Tribu de Dan, otra de las tribus perdidas de Israel.

Desde esa sentencia histórica, decenas de miles de Etíopes llegaron a Israel, dando sostén al país y agregando algo del tan necesario refuerzo demográfico a su población Judía. No hay razón para que los Bnei-Menashé reciban un tratamiento diferente.

Por cierto, a lo largo de la última década, unos 600 Bnei-Menashé han ido llegando a Israel. Todos ellos han pasado por una conversión formal oficiada por el Superior Rabinato, para despejar toda duda acerca de su situación; y todos han recibido ciudadanía Israelí. Ellos sirven en el ejército, viven vidas Judías observantes de los preceptos, y son miembros productivos de la sociedad Israelí.

Un miembro de la comunidad fue recientemente ordenado como rabino, y trabaja ahora en la vanguardia educativa Judía; otro de ellos es un escriba religioso certificado, cuya pluma ha producido hermosos ejemplares de los Rollos de Estér. Otro, se incorporó a una unidad de combate de élite, arriesgando su vida en defensa del estado Judío.

Dos años atrás, el Ministro del Interior decidió inexplicablemente congelar la aliáh de los Bnei-Menashé. Luego de un intenso lobby con importantes autoridades de gobierno y oficiales de alto nivel en la burocracia del estado, Rav Avijail y yo hemos obtenido recientemente éxito en reabrir la aliáh de los Bnei-Menashé, y 100 de ellos se preparan a arribar a Israel para finales de este año.

Pero hay aún miles de ellos aguardando para unirse a sus familias y amigos en la Tierra Sagrada. A una tasa de solamente 100 por año, tomará décadas traerlos a todos. No es correcto, y tampoco razonable.

El Primer Ministro Ariel Sharon ha hablado repetidamente del desafío demográfico que deberá enfrentar Israel durante la próxima década; un desafío que requerirá un flujo masivo de Judíos provenientes de fuera del país para asegurar que Israel continúe siendo un estado Judío.

Con el flujo de aliáh proveniente de la ex-Unión Soviética empezando a secarse, y apenas pequeñas cantidades de Judíos Occidentales haciendo su apuesta, los por tanto tiempo perdidos Judíos de Mizoram y Manipur pueden justamente constituir la respuesta.

Los Bnei-Menashé serán ciudadanos leales y buenos Judíos. Son gente amable y de habla suave, con valores familiares firmes y una perdurable fe en la Toráh. Son formales y trabajadores, y el arribo de miles de ellos será una verdadera bendición para la sociedad Israelí.

Ha llegado el momento de conducir a los hijos de Menashé de retorno a casa. Ha llegado el momento de traer a los Bnei-Menashé a Israel.

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