Judíos que Estuvieron por LargoTiempo Perdidos

Judíos que Estuvieron por LargoTiempo Perdidos

La carretera hacia Aizawl serpentea peligrosamente a través de colinas de verde exuberante, con curvas pronunciadas y estrechos senderos sin señalizar, que agregan una sensación tangible de peligro a la excursión. La ruta atraviesa numerosas aldeas, muchas de las cuales son esencialmente pequeños racimos de viviendas precarias construidas de bambú, madera y todo otro material disponible.

Luego de un viaje largo y cansador, una camioneta con cuatro rabinos Israelíes arriba al poblado, que es la capital del estado de Mizoram, al noreste de India. Los visitantes frenan ante una edificación cuyo techo metálico exhibe la inscripción: “Shalom Tzion Beit Knesset”.

Docenas de hombres que visten kipáh y tsitsít, y mujeres con polleras largas y los cabellos cubiertos, están reunidos a la entrada, dando su bienvenida a la delegación con cantos en Hebreo y clamores de «Shalóm» que nacen en el corazón. Muchos hacen ondear banderas de Israel en el aire, con lágrimas en los ojos.

El grupo Israelí, compuesto por el Gran Rabino de Efrat Shlomo Riskin, Rav Eliahu Birnbaum por el Superior Rabinato, Rav Eliahu Avijail de Organización Amishav, y su hijo el Rav David Avijail de Mitspéh Ramón, están evidentemente conmovidos por la escena. Después de todo, están siendo recibidos por los Bnei-Menashé, un grupo que reivindica ser descendiente de una de las 10 Tribus Perdidas de Israel.

Cerca de 4.500 Bnei-Menashé viven en pueblos y aldeas desparramadas a lo largo de los estados de Mizoram y Manipur en la India, y otro puñado de ellos se encuentran en Assam y Myanmar.  Miembros de las tribus Mizo y Kuki, han conservado a lo largo de las generaciones la tradición de su origen en la tribu perdida de Menashé, que fue exiliada de la Tierra de Israel por mano de los Asirios, en el año 723 AEC.

Un siglo atrás, cuando los misioneros Británicos arribaron a la región, hallaron con gran sorpresa que los hombres de estas tribus rendían culto a un Dios único, y muchas de las historias de la Biblia les eran familares. Tuvieron éxito en su intento de convertir a la mayoría de la población de Mizoram; pero aún así muchos de ellos, aún Cristianos, continúan creyendo ser descendientes de los antiguos Israelitas.

Hace poco más de veinticinco años, un grupo de los Bnei-Menashé decidió retornar al Judaísmo. Comenzaron a construir sinagogas y mikvaót (baños rituales), y tomaron para sí un estilo de vida acorde a la legislación Judía. Poco después, un Judío originario de la India que residía en Israel, hizo llegar una carta proveniente de los Bnei-Menashé, en Jerusalem, a Rav Eliahu Avijail, quien rastrea y asiste a «Judíos extraviados».

Como fundador y director de «Amishav» (que literalmente significa: «mi pueblo retorna»), Rav Avijail ha viajado desde entonces seis veces a India a investigar a los Bnei-Menashé. El está convencido de la autenticidad de sus tradiciones.

«En tanto he estudiado a la comunidad, y he aprendido acerca de sus antiguas creencias, no he podido sino concluir que son de hecho descendientes de la tribu de Menashé», dice Rav Avijail. «Ellos tienen cantos antiguos con letras extraídas de la Toráh. Por siglos, sus niños han aprendido a cantar ‘Litenten Sión’, que significa «Permítenos ir a Sión», aún cuando no tenían idea de qué era Sión».

Rav Avijail estaba especialmente interesado en aprender de las costumbres de los Bnei-Menashé, tales como las leyes relativas a la pureza familiar, el uso de un calendario lunar, y sus rituales de ayuno: muchas de estas costumbres muestran una gran similitud con las ordenadas en la Toráh. «Hay sencillamente demasiada similitud entre sus costumbres y las nuestras para que sea coincidencia», advierte.

En la última década, Rav Avijail ha traído a unos 600 Bnei-Menashé a Israel, con la aprobación del Ministerio del Interior y el Superior Rabinato. Recientemente, estuvo nuevamente en la India para presentar a sus colegas, Rav Riskin y Rav Birnbaum, a la comunidad.

Tras ingresar a la sinagoga en Aizawl, los rabinos se unen a los 100 religiosos de aspecto extraño en la plegaria de la tarde, dirigida en un Hebreo fluido por el principal oficiante de los Bnei-Menashé, Eliezer Sela. Sela, padre de nueve hijos, tiene a siete de ellos viviendo en Israel: cada uno de ellos ha pasado por un procedimiento formal de conversión. «No espero más que llegar a Israel, la tierra de mis ancestros», dice Sela, y agrega: «Rezamos cada día por el bienestar de Israel».

Al final del servicio de oración, Rav Riskin y Rav Avijail se dirigen a la comunidad, enfatizando la importancia de adherir a la ley Judía y de estudiar la Toráh. Rav Riskin habla emocionado acerca de la necesidad de tener fe en la promesa divina de redención, y cautiva los corazones de quienes lo atienden cuando les dice, en el dialecto local de Mizo: «Ustedes son mis hermanos y hermanas».

Para quienes viven en Mizoram, no hay ninguna duda en cuanto a los orígenes de Bnei-Menashé. Lal Thlamuana, de 45 años, un Cristiano devoto que es propietario y director de la Escuela de la Misión local, no tiene dudas en cuanto al origen Israelita de la gente de Mizo. Thlamuana es miembro de la élite de Aizawl, habla un inglés fluido, ha viajado por el extrajero, y vive en una gran casa repleta de sirvientes.

«Incluso los Cristianos de Mizo creemos ser descendientes de Israel», dice, y procede a exponer varias de las antiguas costumbres y tradiciones de la comunidad, como la circuncisión de los niños al octavo día de su nacimiento, el matrimonio por levirato, y las estrictas leyes en relación con la menstruación, todas las cuales son notablemente similares a sus pares en la ley Judía.

Los Británicos, explica Thlamuana, se referían a los pobladores de Mizo como «Lushei», una deformación de «Lu Se», que significa «Diez Tribus» en el lenguaje de la vecina Burma. De acuerdo a los Bnei-Menashé, sus ancestros emigraron desde China hacia el sur  huyendo de la persecución, instalándose en Burma y moviéndose luego hacia el oeste,  hasta donde se encuentran ahora los estados de Mizoran y Manipur, pertenecientes a la India.

Un muestreo de los Cristianos pobladores de Mizo, a lo largo de Aizawl, parece verificar la aseveración de Thlamuana. Comerciantes, empleados del aeropuerto y otros, cuando son interrogados sobre el origen del pueblo de Mizo, responden todos de igual modo: «descendemos de los Israelitas». El Sr.. Ropianga, un educado recepcionista que trabaja en un alojamiento para turistas perteneciente al gobierno de Aizawl, responde como diciendo algo evidente: «Sí, por supuesto que somos descendientes de Israel. Cualquiera lo sabe».  No obstante ser un Cristiano practicante, se emocionó visiblemente cuando tuvo entre sus manos una postal con la bandera de Israel.

Conduciendo a través de las caslles de Aizawl, se hace evidente que hay mucho apoyo e identificación con Israel entre la población en general. El mercado central está ubicado en una calle llamada Zion Street, y muchos locales comerciales tienen nombres por el estilo de «Jewish Store» o «Israel Warehouse», pese a no pertenecer a Judíos.

Durante su estadía en Mizoram, Rav Riskin y sus colegas se encontraron con el Sr. F. Malsawma, el Ministro de Leyes de Mizoram. El ministro, un Cristiano devoto, estaba más que contento de comentar el tema de la ascendencia Israelita de los Mizos. «Tenemos una ligazón sentimental con Israel, incluso por una cuestión de sangre», dijo, e hizo notar que «Nosotros reivindicamos nuestro carácter de Israelitas; incluso los líderes de nuestra iglesia coinciden en ello».

Malsawma informó a los rabinos que el gobierno de Mizoram se encuentra investigando la relación entre los Mizos y los Judíos. «Estamos llevando a cabo una investigación para determinar si somos descendientes de Menashé. El tiempo revelará la verdad». El encuentro entre los rabinos y el ministro apareció en los noticieros televisivos esa misma noche.

Como parte de la visita, Rav Riskin y sus colegas mantuvieron reuniones con gran cantidad de los integrantes de la propia comunidad Bnei-Menashé. Uno de ellos, Yossi Hualngo, un residente de Aizawl de 65 años, proveyó otra pequeña pieza del puzzle.

Dos de los hermanos de su padre fueron sacerdotes que condujeron los antiguos rituales de Mizo, antes de que los misioneros Cristianos arribaran allí un siglo atrás. Hualngo, hablando a través de un intérprete, ofreció una descripción detallada de los rituales de Mizo que le fueron relatados décadas atrás por sus tíos. Como observó Rav Riskin, las similitudes con los rituales Judíos saltan a la vista.

De acuerdo a Hualngo, sus tíos vestían prendas de color blanco antes de llevar a cabo los sacrificios rituales, incluida una prenda con hilos colgando de sus cuatro puntas, reminiscencia obvia del talít con cuatro puntas (el manto ritual de oración) utilizado por los Judíos. En primavera, un animal era degollado y ofrecido en sacrificio, y su sangre era untada en los marcos de las puertas; algo que sugiere de modo inmediato el antiguo ritual de Pésaj. Mucho más en detalle: de acuerdo a Hualngo, regía una regla según la cual los sacerdotes de Mizo debían quitar la carne de los huesos del animal sin romper ninguno de éstos, exactamente como exige la ley Judía.

Entonces, en una escena memorable, Hualngo procedió a entonar uno de los cantos que sus tíos le dijeron se acostumbraba cantar cuando se llevaban a cabo ceremonias y sacrificios importantes. Las palabras del canto, y su origen bíblico, son inequívocos: Téraj, Avrahám, Itsják, Iaakov, el Mar Rojo, Mará y Shiló (lugar del antiguo Tabernáculo y capital de las Doce Tribus de Israel hasta la conquista Asiria). Los presentes, Rav Riskin incluido, estaban mudos de asombro. «Si alguien duda del tremendo poder del alma Judía, si alguien cuestiona la magnífica fuerza de las tradiciones Judías, si alguien por un sólo momento cuestionara la eternidad del pueblo Judío, ésto prueba su fuerza», dijo Rav Riskin.

«Para mí, ésto es surrealista. Miro alrededor; estoy en India, cerca de la frontera con Burma, rodeado de una tremenda pobreza, y he aquí lo que parece ser Judíos satisfechos de vivir una vida muy Judía, compartiendo una única esperanza y un sueño: llegar a Israel lo antes posible y reunirse con su pueblo. Es el milagro de la supervivencia Judía», dice.

Entre los líderes del grupo que sostiene que los Mizos son descendientes de Israel, se encuentra una académica Cristiana: la Sra. Zaithanchhungi, cuyo marido es miembro del parlamento. «Mucha gente cree en que los Mizos son descendientes de Menashé», dice, y agrega: «Yo no lo creía al principio, pero he andado por Mizoram y he hablado con los ancianos de las aldeas, recolectando tradiciones antiguas y folklore».

Ella escribió un libro, «La identidad Israel-Mizo», que detalla las costumbres de Mizo y las compara con la tradición Judía. «Antes del advenimiento del Cristianismo en la zona», escribe Zaithanchhungi, «los Mizos creían en un Dios Todopoderoso, el Creador de todas las cosas». En las ceremonias sacrificiales familiares, cantaban «Dios arriba, nosotros los hijos de Menashé, te ofrendamos la sangre de un animal».

Ella cita también un antiguo canto que entonaban los Mizos en ocasiones especiales, que sigue el relato bíblico del Exodo de los Judíos de Egipto: «Debimos cruzar el Mar Rojo, nuestros enemigos venían detrás nuestros con sus carros, el Mar los tragó a todos como siendo sólo carne. Somos guiados por la nube durante el día, y por fuego durante la noche. Tomamos esos pájaros para la comida, y bebemos agua que nos llega desde la roca».

Durante su estancia en Mizoram, los rabinos visitaron también las comunidades de Bnei-Menashé que se encuentran fuera de Aizawl, incluyendo sinagogas en las aldeas de Vairengte, Kolasib, y Sihphir. En cada poblado, se reunieron con las comunidades locales en el estudio y la oración, evaluando su compromiso con el Judaísmo y urgiendo a los pobladores locales a aprender más acerca de su heredad. Luego de tres días en Mizoram, la delegación se trasladó al estado vecino de Manipur, donde reside el grueso de los Bnei-Menashé.

Tras arribar a Imphal, la capital de Manipur, los rabinos fueron llevados directamente desde el aeropuerto hasta un enorme teatro, donde más de 500 Bnei-Menashé se habían reunido para bienvenirlos. Los rabinos fueron obsequiados con flores, y los dignatarios de la comunidad expresaron su esperanza de que la comunidad recibirá pronto la autorización para inmigrar a Israel.

Manipur es, en sí misma, una región políticamente inestable, hogar de docenas de grupos clandestinos rebeldes al gobierno. Las elecciones, que estaban teniendo lugar, contribuían a la tensión, y las calles de la capital estaban llenas de soldados armados y policías antimotines. Protestas violentas y manifestaciones acababan de tener lugar, no obstante lo cual todo se vio muy tranquilo durante la estadía de los rabinos.

Durante Shabát, Rav Riskin y el resto de la delegación Israelí pararon en la casa Amishav, un centro comunitario y sinagoga construido por Rav Avijail para los Bnei-Menashé. Los servicios religiosos sabáticos tienen lugar allí, con un gran despliegue de canto y danza. Rav Riskin describe ese Shabát como uno de los más energizantes que haya vivido nunca.  «Ver 500 personas en una sinagoga en Shabát en Imphal, Manipur, rezando de todo corazón, leyendo Hebreo y entonando cánticos magníficos…. fue una experiencia deleitable e inspiradora».

En Shabát, la comunidad entera se reunió para celebrar la circuncisión del sobrino de Lemuel Haokip, secretario general del concejo de Bnei-Menashé. La ceremonia fue  dirigida por uno de los dos mohalím (circuncidadores rituales) de la comunidad, y el niño recibió el nombre hebreo de Shimón. Luego, el orgulloso tío del niño ofreció una alocución acerca del pacto que rige a Israel en su relación con Dios.

Antes de emprender el regreso a Israel, los rabinos visitaron Churachandpur, próximo a la frontera con Burma, donde la comunidad local de Bnei-Menashé está completando la construcción de su tercera sinagoga. Cientos de hombres y mujeres salieron a recibirlos, y Rav Riskin realizó una modesta donación para el proyecto.

Consultado luego acerca de si él cree que los Bnei-Menashé sean realmente descendientes de una de las tribus perdidas de Israel, Rav Riskin dijo haber sido siempre «muy escéptico en cuanto a las Diez Tribus Perdidas… la noción de las Tribus Perdidas, y la idea de traer a las Diez Tribus Perdidas de retorno a Israel, siempre tuvo para mí un aspecto casi de leyenda amable». No obstante, su visita a la India parece haberle hecho cambiar de parecer.

«Me he convencido ahora, atendiendo a las historias que ellos han recibido de sus abuelos acerca de sus antiguas costumbres, y a partir del hecho de que sus vecinos Cristianos reconocen provenir también del mismo origen. El hecho es que es muy difícil no aceptar su tradición, es muy difícl no aceptar su descendencia de la Tribu de Menashé», dice Rav Riskin.

«Los Bnei-Menashé parecen haber mantenido las ceremonias y prácticas fundamentales del Judaísmo por miles de años, pese a haber sido desarraigados e incomunicados respecto del resto del pueblo Judío», agrega.

Sintetizando sus impresiones acerca de los Bnei-Menashé, dice Rav Riskin: «Tienen un compromiso tremendo, un tremendo sentido del sacrificio, y un tremendo amor por el Judaísmo y por el Estado de Israel. No puedo pensar en mejores futuros ciudadanos de nuestro país».

Esos sentimientos traen con seguridad una sonrisa a los rostros de Lemuel Haokip y los miembros de su comunidad Bnei-Menashé, todos quienes están anhelando llegar a Israel. Como un niño, Haokip recuerda que en ocasiones especiales, como los eclipses lunares o solares o luego de sentir los temblores de un sismo, su padre solía salir abruptamente de su casa, clavar la mirada en el cielo y declarar: «¡Los Hijos de Menashé aún viven! ¡Los Hijos de Menashé aún viven!». Y, tal parece, aún viven.

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