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Miquel Segura Bnei Anousim No podría decir cuántos años tenía el día en que me apercibí de ser alguien distinto a la mayoría de mi entorno. En mi casa, como en todos los hogares chuetas, el tema estaba prohibido, no se mencionaba. Recuerdo, sin embargo, un pálpito de misterio, algo avergonzante y oculto, latiendo en conversaciones apenas iniciadas. Silencios, muecas, palabras rotas, un punto de tensión desconocida en el marco de una existencia aparentemente feliz.  
Nissan Ben Abraham es el nombre de un rabino que nació en Palma donde fue bautizado, como en toda buena casa “católica, apostólica y romana”, como Nicolau Aguiló. Hace 26 años que se fue a Israel porque “si en 600 años de historia no he podido vencer el estigma de ser judío, entonces por qué no ser simplemente judío”. Nissan Ben Abraham se reencontró ayer con su ciudad natal después de 12 años ininterrumpidos de ausencia para contar su “Historia personal: de Palma a Israel en la jornada sobre los componentes de identidad chueta y la relación histórica con el pueblo judío, de la mano de la organización Shavei Israel.

Yo, Lirón Menelón, llegué a la Tierra de Israel el 11 de febrero de 2000 sin saber hebreo. Tengo dos tíos en Kiriat Arba y viví allí. Durante un año estudié hebreo en el ulpán y después fui a vivir con mis tíos. Trabajé en jardines...

¡Shalom! Me llamo Sonia. Llegué a Israel el 10 de agosto de 1999 con mi familia, directamente a Kiriat Arba. Mi hermana mayor vivía allí desde su aliá en 1993, se casó en Israel, formó una familia y es muy feliz con su marido y sus tres hijos. Vivimos con ella durante medio año. Mientras tanto, estudiábamos hebreo en el centro comunitario de Kiriat Arba. Después de cuatro meses entré a la ulpaná (escuela secundaria religiosa para mujeres) de Kiriat Arba, al octavo curso. Nunca podré olvidar ese año, por las dificultades con el hebreo: siempre estaba callada, no hablaba y no escribía... A partir del noveno curso empecé a comprender más y terminé el último curso en 2003. En 2004 trabajé cuatro meses en una guardería infantil en Gush Etzion. Luego, comenzé el Sherut Leumí (servicio nacional civil) en un jardín de infantes cerca de mi casa. Me gustaba trabajar allí debido a que adquirí mucha experiencia e iniciativas. ¡Nuestro equipo era increíble! ¡No hay otros trabajos tan gratos como ése! ¡La realidad es que fue un año bueno!  
Me llamo Amos Sekter, tengo 25 años y en 2000 hice aliá de Manipur, India. De niño tuve muchas dificultades en la India, pasé muchas humillaciones y bromas de mis "amigos". Siempre nos llamaban "la gente del sábado", la gente de la circuncisión y se reían de nosotros por nuestra religión. También tuve dificultades en la escuela, a nivel social, dado que a veces nos obligaban a rendir exámenes o cumplir turnos los sábados. Mi sueño era hacer aliá a la Tierra de Israel, vivir en el Esatdo de los judíos y sentirme perteneciente, y no diferente. Con la ayuda de D-s y de Shavei Israel llegué a Israel y mi sueño se convirtió en realidad. Durante un año y medio estudié en una yeshivá en Jerusalén y sentía que estaba en mi casa. Pero en medio de toda esa alegría también sentía tristeza, porque mi familia había quedado en la India.

Mis antepasados por vía paterna llegaron a Polonia desde Viena (Austria) a fines del siglo XIX. Eran copropietarios de un matadero kosher en Nowy Korczyn (en aquel tiempo llamada "Neustadt"). Mi bisabuelo se llamaba Szymon, y mi bisabuela Miriam. De dicho matrimonio nacieron mi abuelo...

Cuando llegué a Israel en 2006, con la ayuda de Shavei Israel, y pasé el programa de conversión en Bat Ain, fue la primera vez que me sentí realmente cerc del judaísmo y su gente. De niña crecí en Kaifeng; mi padre y mi abuela...

El paso de Jin Jin a Yeholia fue un proceso arduo y prolongado. Era algo que yo, al igual que todos los judíos de Kaifeng, siempre había soñado. Cuando era pequeña, mi padre me dijo que era judía y que algún día habría de retornar...

Desde que era pequeña, mi madre y mi abuelo me recordaban permanentemente mi identidad judía. Me decían que algún día podríamos retornar a la Tierra de Israel, el país que D-s nos había dado. No obstante, yo sabía muy poco sobre lo que significaba ser...

Soy una madre jóven de 37 años, formo para de la comunidad judía de San Nicandro Garganico. Desde pequeña me han inculcado el judaísmo y me han enseñado Torá, creando y desarrollando, de esta forma, una fuerte lazo con Dios. A pesar de todo, no siempre la misma realidad fue parte de mi entorno, dado que a mi alrededor siempre hubo gente no judía que actuaba diferente. Sin embargo, tuve fuerza para mantenerme en mi camino y lo más importante es que tuve el apoyo de gente que supo guiarme. Hablo de los ancianos de nuestra comunidad, y debido a que nosotros somos jóvenes, representamos sus frutos, los cuales ellos plantaron y florecieron con fuerza y belleza. Le agradezco a Dios que esto nos haya pasado esto justo a nosotros. Gracias a los ancianos de la camunidad, que hoy en día, lamentablemente, comienzan a desaparecer, como velas que se van apagando.