Para todos los presentes, fue una escena tan notable como conmovedora.
La joven pareja, recientemente arribada al país desde la India, se hallaba sentada frente a los tres miembros de la Corte Rabínica de Conversiones, respondiendo preguntas en una gama que abarcaba desde la filosofía judía hasta cuestiones relativas a la observancia ritual.
El examen era exigente, estaba destinado a comprobar la magnitud de su conocimiento de judaísmo y de su compromiso espiritual, y los desafiaba a apelar a los puntos más sutiles de la ley, no menos que a las visiones proféticas de la Redención Final.