Parashá Behar-Bejukotai
Por: Rav Reuven Tradburks
1ª Aliya (Vaikra 25:1-18) Shmita: la tierra de Israel tiene su Shabat. Trabaja por seis años, el séptimo es un Shabat para D-os. Lo que crece por si mismo está disponible para su consumo. Yovel: Yovel es seguido por siete ciclos de siete años; el año 50, el año del Jubileo. Es sagrado: declaren la libertad a través de la tierra. Se liberan los esclavos, la tierra vuelve a su dueño original. Cuando vendas tu tierra, no te aproveches del comprador sabiendo que la tierra te será regresada en 50 años. Véndela en proporción a los años que el comprador la tendrá hasta Yovel. Cuidando estas leyes te permitirá tener seguridad en la tierra.
Otra vez se amplía el tema de santidad. Hemos tenido santidad en el Mikdash; en nuestro acercamiento hacia Él en Su casa. Tenemos santidad en la comida. Santidad en nuestras relaciones; las que son permitidas y las que no lo son. Santidad en el tiempo; Shabat y festivales. Ahora nos presentan la santidad de la tierra de Israel.
Hay dos aspectos de la santidad de la tierra de Israel. Primero, es la tierra del pueblo judío. Tenemos leyes únicas de benevolencia en la agricultura, dejando secciones para los pobres, apoyando a los Cohanim y Levitas. Estas leyes solo se aplican en nuestra tierra, la tierra donde construimos nuestra exclusiva sociedad judía.
Segundo, nuestra tierra es donde D-os nos ha invitado a que nos acerquemos a Él. En el Mikdash, en Su casa, es donde estamos más cerca de Él. Y en Jerusalén, Su ciudad. Pero la santidad de Su cercanía se filtra desde Jerusalén a toda la tierra. Por lo tanto, la tierra es Santa en uno y otro, en nuestra cercanía al Rey, y en estar en nuestra patria, el lugar donde vivimos de acuerdo con nuestras leyes particulares, reflejando la filosofía judía.
2ª Aliya (25:19-28) No se preocupen que no tendrán suficiente comida; Yo proveeré. No permitan la venta de la tierra porque la tierra es Mía; ustedes son sólo peregrinos en la tierra. Si alguien es indigente y vende sus campos, rescátalo. El vendedor también puede rescatarla de acuerdo con los años restantes para su restitución por Yovel.
Después de presentarnos a nuestra limitada propiedad de la tierra de Israel, la Torá cambia hacia las responsabilidades del uno por el otro. Cuando la gente tiene problemas, ayúdalos. La venta de un campo no puede terminar bien. Es la pérdida de trabajo. En una sociedad agraria, ¿qué hará el dueño para ganarse la vida? Este es el comienzo de un espiral descendiente. Rescata su campo, devuélveselo, así se puede ganar la vida. Esto es lo que establece el Talmud: la forma más elevada de tzedaka, es dale un trabajo a una persona. Rescatando sus tierras es devolviéndole la manera de ganarse la vida.
3ª Aliya (25:29-38) Una casa en una ciudad también puede ser rescatada si se vendió, pero sólo en el primer año. Después de ese período, la venta es permanente. Las casas en pueblos abiertos se consideran como campos; pueden ser rescatados y se devuelven en Yovel. Los pueblos de los Levitas, aunque sean amurallados, siempre se pueden rescatar y regresan en Yovel. Cuando alguien tiene necesidades, ayúdalo. No cobres interés, dale vida. Yo soy D-os, que te sacó de Egipto para darte esta tierra y ser tu D-os.
El Talmud señala que la serie de historias que la Torá presenta aquí, van de mal en peor. La venta forzada de campos debido a la pobreza. Luego la venta de una casa. Luego la necesidad de un préstamo. Y en la próxima aliya, vendido como esclavo. La tzedaka más barata es la primera; regresando el campo, evitando todo el derrumbe.
4ª Aliya (25:39-26:9) Si te venden a alguien como esclavo no lo oprimas. Trátalo como un trabajador. Él es liberado en Yovel. Porque ustedes son Mis siervos. Los esclavos comprados de las naciones circundantes son como propiedad que se pasa a las futuras generaciones. Si un judío es vendido a alguien no judío, su familia debe redimirlo, porque el pueblo judío me sirve a Mi; Mis siervos que redimí en Egipto. (Bejukotai) Y si cumplirán con todos Mis mitzvot, tendrán abundancia, paz, éxito inusual contra sus enemigos. Me acercaré a ustedes, los multiplicaré, y cumpliré Mi pacto con ustedes.
La parashá Bejukotai, aunque es corta, es muy importante. Siguiendo un libro entero de santidad, se exponen los desafíos. La búsqueda de santidad en la tierra santa es un gran desafío. Su logro trae inmensas bendiciones: comida, paz, salud. Para nosotros que disfrutamos de caminar en este lugar sagrado, las bendiciones son abundantes. Aunque sabemos por la historia que también es cierto…lo opuesto.
5ª Aliya (26:10-46) Y estaré entre ustedes, Yo, vuestro D-os, Ustedes, mi pueblo. Sacaré el yugo de ustedes y caminarán con orgullo. Pero si no siguen Mis mandamientos, Yo tampoco les prestaré atención. Serán expuestos a las enfermedades, a los enemigos, a la sequía. Si se obstinan en ignorarme, Yo también los ignoraré, estarán desprotegidos contra la guerra, la peste, la hambruna. Vuestros lugares sagrados serán conquistados, sus ciudades destruidas, serán desparramados por todo el mundo. Entonces la tierra tendrá su descanso y su Shmita. En el exilio sufrirán de pánico, con miedo a una hoja grácil. Reconocerán sus fallos; recordaré mis promesas a vosotros. Incluso cuando estén dispersados, no permitiré vuestra destrucción.
Fallar en las demandas de este lugar sagrado, trae desolación y exilio. La desolación de la tierra de Israel sin el pueblo judío es legendaria. Espeluznante. Aquí se presagia la diáspora judía, la historia judía, ¿quién necesita una descripción de su cumplimiento? Otras religiones interpretaron el sufrimiento judío en el exilio, como una señal del rechazo del judío. El regreso a la tierra de Israel, tan inesperado, sin precedentes, y tan dinámico, totalmente desmiente esa señal. Si el exilio fue disgusto Divino por nuestra actitud de desdeño hacia Él, el regreso a la tierra sólo puede ser el placer Divino de acercarnos. Y una compromiso para nosotros, que nunca debemos menospreciarlo, pero que nos comprometamos, busquemos, que Lo alcancemos. Que afortunados somos de tener el privilegio sin merecerlo. Y como debemos vigilarnos par que nunca lo despreciemos a Él en Su tierra.
6ª Aliya (27:1-15) Cuando hagan a D-os una promesa de vuestro valor hay un conjunto de valores de acuerdo con la edad y a la condición. Se da este valor al Mikdash. Si propones un animal, debes entregarlo y no cambiarlo. La promesa de una casa puede ser entregada o eximida.
Siguiendo la espeluznante sección de las maldiciones, el libro de Vaikra termina con un capítulo completo de leyes de promesas. La generosidad inspira contribuciones al Mikdash. Esto es algo bueno. El centro religioso del pueblo judío necesita contribuciones. Pero esta sección, no es sólo lo que se da, pero lo que no se da. Cuando prometo mi valor, ¿es mi intención convertirme en un monje renunciando a mi vida para servir en el Mikdash? La Torá no aprueba esto. Paga dinero y mantiene tu puesto en la vida. La Torá impone la interpretación de las promesas de la gente y sus valores como dádivas monetarias, pero no como siervos del Templo. ¿Es tu promesa un animal? Perfecto, que eso sea tu sacrificio. Pero no tu. Y nadie a tu alrededor. Lo mismo con una casa, la Tora no quiere que el Mikdash adquiera considerables propiedades. Las casas son para la gente, el Mikdash debe ser espléndido, grande, causa de inspiración. Pero no un enorme imperio financiero.
7ª Aliya (27:16-24) Si se promete un campo, se calcula su valor hasta Yovel. Se le da ese valor al Mikdash para redimir el campo. Si no se libera, permanece en el Mikdash incluso después de Yovel. La propiedad que le pertenece al Mikdash no puede ser redimida.
Los campos son los medios de sustento por excelencia. Si uno quisiera que el Mikdash sea un imperio financiero, debería empezar por los campos. Pero la indicación de la Torá es que las promesas de los campos deben ser redimidas. Los campos son para que la gente se gane la vida, no para el Mikdash.
El libro de Vaikra, el libro del acercamiento del hombre a D-os, termina con un sobrio balance. Mientras que nos acercamos a D-os, dedicamos a Él nuestras vidas, nos arrimamos a Él y Él hacia nosotros, la Torá nos protege de ir demasiado lejos, de despojarnos de nuestros haberes, de desprendernos de nuestros hogares y convertirnos en siervos del Templo, entregándolo todo al Mikdash. Nuestro desafío es ser sagrados en nuestros hogares y nuestros campos mientras nos acercamos a lo Divino.







