Janet Guaqueta – De Colombia a Israel, todo comenzó con una copa

Janet Guaqueta – De Colombia a Israel, todo comenzó con una copa

Bien alto, en el estante de la casa de la abuela de Janet, se encontraba una extraña copa la cual estaba prohibido tocarla. El padre de Guaqueta, sabía que era parte de una antigua tradición familiar, pero el significado se había perdido hace ya mucho tiempo. Mientras tanto, prohibió a la familia hablar de la misma.

Muchos años después, Guaqueta se hizo amiga de Gila Arditi (de la cual escribimos en enero del 2011). Ambas trabajaban en el mismo colegio en Colombia – Arditi era la coordinadora y Guaqueta la psicóloga del colegio.

Arditi y su esposo Ariel, habían descubierto recientemente sus raíces de Bnei Anusim – personas cuyos ancestros fueron obligados a convertirse al catolicismo hace más de cinco siglos atrás – y por lo tanto habían comenzado a respetar shabat. Arditi invitó a Guaqueta a la cena de shabat en su casa en Bogotá. Guaqueta estaba sumamente conmocionada al ver a los Arditi tomar una copa similar a la de ella y usarla – para realizar el kidush, la santificación sobre el vino.

Desde allí, todo comenzó a ser más claro: porque su familia no comía cerdo; los candelabros que tenían en la cocina (práctica sumamente extraña en Colombia); el hecho de que su padre nunca se afeitaba las patillas, incluso cuando dicha imagen ya no estaba de moda. Ella investigó sobre su apellido – Vásquez – y descubrió que el mismo tenía raíces judías.

Y quizás lo más importante: como, incluso en un país extremadamente católico, la familia nunca iba a la iglesia y no había imágenes religiosas en su casa. No había nadie que lo pueda negar: así como su amiga Gila Arditi, Janet Guaqueta estaba convencida de ser descendiente de los Anusim.

Guaqueta, de 37 años, comenzó a indagar inmediatamente sobre la historia y la tradición judía. Compró una copia del Shulján Haruj, texto judío medieval el cual explica la ley judía y compartió con su padre los descubrimientos. “Él estaba muy sorprendido y contento”, dice Guaqueta. De a poco, comenzó a llevar un estilo de vida judío, de acuerdo a sus capacidades.

Cuando se tornó sumamente difícil observar las leyes judías en Colombia, Guaqueta llamó a Arditi, la cual en ese momento ya había emigrado a Israel. ¿Puede Guaqueta ir a visitarlos durante las festividades?, preguntó. Guaqueta llegó justo a tiempo para Rosh Hashaná y se quedó allí durante un mes.

La visita fue apasionante. “Sentí como si mi alma siempre hubiese estado allí”, dijo. “Experimenté alegría y paz; necesidad de llorar”. Visitó el Kotel Hamaaraví y se sintió en casa. “A veces, te falta algo, pero no sabes qué, cuando lo ves, te das cuenta que eso es lo que estás buscando. Descubrir mis raíces fue lo mejor que me pasó en la vida”.

Guaqueta regresó a Colombia con la intención de retornar prontamente a Israel. Pero su madre estaba enferma. Dejar todo lo que había construido en Colombia era algo muy importante. “Mis amigos pensaban que estaba loca”, dice, “dejar mi carrera, mi vida profesional y un importante puesto. Pero algunos también decían kol hakavod. Ellos comprendieron que los temas espirituales son más importantes que los materiales”.

Hoy en día, Guaqueta vive cerca de Jerusalem y estudia hebreo por las mañanas y por las tardes asiste al Instituto de Retorno y Conversión de Shavei Israel, Majón Miriam. Se encuentra en Israel hace ya más de dos años.

Guaqueta ha comenzado a reconstruir su carrera. Ella trabaja con niños en un jardín de infantes, así como en forma privada, hablándoles en una mezcla de hebreo e inglés. Asimismo, ha comenzado el proceso de revalidar su título. “Realmente amo a los niños”, dice.

A pesar de todo, Guaqueta se encuentra esperando pacientemente los días en que le sea permitido retornar formalmente al judaísmo. Cuando se haga realidad, quizás compre su propia copa de kidush. Ésta será la mejor bendición.    

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