El regreso de los chuetas de Mallorca

El regreso de los chuetas de Mallorca

En una pequeña isla en la costa de España, una tragedia que comenzó hace más de seis siglos parece haber llegado a su fin.

Por primera vez desde que sus ancestros judíos fueron forzados a convertirse al catolicismo en el siglo XIV y XV, los chuetas de Palma de Mallorca han sido formalmente reconocidos como judíos por una importante autoridad rabínica israelí, el Rabino Nissim Karelitz de Bnei Brak.

Este es un importante desarrollo, aquel que abre las puertas a miles de Chuetas para retornar a sus raíces y a reunirse al pueblo judío.

¿Quiénes son estas personas?

Nadie sabe con certeza cuándo llegaron los primeros judíos a Mallorca, pero dice remontarse a comienzos del siglo V.

A fines del siglo XIV, la situación de los judíos comenzó a deteriorarse extremadamente. En 1305, irrumpieron ataques antijudíos, y el primer líbelo de sangre ocurrió en 1309, cuando muchos judíos fueron falsamente acusados de asesinar a niños judíos.

El punto de inflexión, sin embargo, sucedió en 1391 cuando pogroms anti judíos fueron llevados a cabo en toda España.

El 2 de agosto de dicho año, los motines y la violencia llegaron a Mallorca, donde cientos de judíos fueron masacrados, y otros convertidos a la fuerza. En 1435, los judíos remanentes fueron o asesinados o arrastrados a la fuente bautismal, y así la comunidad judía de Mallorca fue destruida.

Sin embargo, los nativos mallorquines nunca aceptaron a los conversos, y comenzaron a referirse a ellos como Chuetas, palabra catalana para cerdo. Muchos continuaron practicando el judaísmo en secreto, arriesgando así sus vidas y bienestar para permanecer fieles a los caminos de sus antepasados.

Subsecuentemente, la inquisición se convirtió en particularmente activa en la zona, cazando a todos los sospechosos de practicar el judaísmo en secreto. En 1691 cerca de 300 años después de las conversiones forzadas, 37 chuetas fueron asesinados por la inquisición en Palma por el “pecado” de “reincidir” en el judaísmo.

Desde el comienzo, los Chuetas se enfrentaron a la hostilidad de sus vecinos católicos, los cuales nunca los aceptaron como verdaderos cristianos y se negaron a casarse con ellos – fenómeno que continuó hasta bien entrada la era moderna.

De hecho, tan solo cuando los franceses capturaron Mallorca a comienzos del siglo XIX, la inquisición fue abolida en la zona, pero tampoco esto traje el fin de la discriminación anti-Chueta.

Escritores como la francesa George Sand en el siglo XIX y el inglés Robert Graves en el siglo XX escribieron sobre los chuetas con mucha simpatía, lamentando el odio al que son sujetos.

Irónicamente, el odio dirigido a los chuetas a lo largo de las generaciones solo sirvió para reforzar su identidad judía y la pertenencia comunitaria.

Restricciones legales contra ellos finalizaron tan solo en 1931, cuando la república española fue incorporada, y tan solo en los últimos 40 0 50 años han comenzado a tener lugar matrimonios mixtos entre los Chuetas y los mallorquines católicos.

En consecuencia, durante generaciones, los Chuetas han vivido entre dos mundos, cuando los católicos mallorquines los ven como judíos y los judíos los consideran católicos.

Se estima que 15000-20000 Chuetas aún viven en Mallorca, y en los últimos años un número cada vez mayor expresa su interés en reclamar sus raíces judías.

Ahora, gracias al dictamen halájico del Rab Karelitz, su sueño se ha vuelto realidad.

En su resolución, el Rab Karelitz escribió: “debido a que ellos (es decir los chuetas) sostienen que a lo largo de las generaciones se han casado tan solo unos con los otros, todos los que tienen relación con las generaciones pasadas son judíos, hermanos del pueblo de Israel, la nación de Hashem”.

No solo eso, sino que también el Rabino Karelitz escribió que deben realizarse esfuerzos para acercar a los Chuetas a su religión judía y los mismos deben ser alentados a adoptar una vida de Torá y observancia de las mitzvot.

La decisión tiene un enorme peso, dado que el Rabino Karelitz lidera una de las cortes rabínicas jaredí más importantes de Israel, en la ciudad de Bnei Brak. Es considerado uno de los más famosos árbitros de la ley judía y es el nieto del famoso Jazón Ish, uno de los más grandes y conocidos rabinos del siglo XX.

A comienzos del mes, viajé a Mallorca para transmitir a los Chuetas la decisión del Rab Karelitz y para alentarlos a realizar el viaje de regreso al mundo judío.

El domingo a la noche, en un cuarto lleno de personas, le comenté la decisión a los Chuetas, los cuales sumamente emocionados comenzaron a aplaudir y a llorar. Muchos dijeron que nunca pensaron que una decisión así podía ser tomada mientras ellos vivan.

Una joven Chueta de aproximadamente 20 años se me acercó, con los ojos aún llorosos, y me relató las experiencias que había tenido en la secundaria, hace unos años, cuando fue humillada por su identidad Chueta.

“Siempre supe que soy judía, y siempre lo sentí en mi corazón”, me dijo. “Pero ahora, gracias a la decisión del Rabino, es oficial, y estamos recibiendo la aceptación del pueblo de Israel. ¡No puedo creerlo!”.

Creo que el pueblo judío tiene una responsabilidad histórica y debe ayudar a los Chuetas y facilitarles su retorno. Se lo debemos a ellos –  y a nosotros mismos – el ayudar a aquellos que desean retornar al judaísmo.

Durante los siglos, la inquisición ha realizado los mayores esfuerzos e invertido energía para alejar a los Chuetas de nosotros. Nuestra tarea es demostrar determinación y darles la bienvenida a casa.

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