Carta de un Ben Anús a otro
Shalom estimado javer:
He leído y releído tu carta. Claro que te entiendo perfectamente.
Yo también me siento ajena y extraña en el medio social en el que viví y vivo. Efectivamente parecía que la cigüeña se había equivocado de lugar, incluso llegué a pensar si sería hija «adoptiva»…De niña, sorprendía con mi locuacidad precoz y mi natural inteligencia, era evidente que mi cabeza se desarrollaba más rápidamente que mi cuerpo. Mientras tanto mi alma especialmente sensible desfallecía de inanición y mi ser enfermaba.
Ya de adulta, hace dieciocho años, un día que tenía un problema laboral serio, escribí inconscientemente en mi diario personal un párrafo que encendió la primera «chispa» de luz. Decía literalmente así:«Es un MIEDO a NO SÉ QUÉ…Es un miedo, tal vez, a ser JUDÍA y que me descubran. Es el miedo a sentirme acosada, maltratada o calumniada…Es el miedo a sentir la insolidaridad de(…), el escurridizo proceder de (…),…miedo a sentirme en un suplicio…….»
Hace como unos dieciséis años empezó la revolución interior y las dudas se disiparon hace muchos años: sé que mi alma es judía. No me preguntes por qué, solo HaShem lo sabe. No lo vivo como un problema sino como la verdadera solución a todo el malestar e intranquilidad que precedieron a este milagro que fue darme cuenta por fin de quien soy, de quien había sido siempre aún sin saberlo. Cuando empecé a aprender judaísmo y a entender como es la vida judía y la puse en práctica, paso a paso, me dí cuenta de que esas eran ( perdón por el burdo símil) como mis zapatillas para andar en la vida, por fin había encontrado mi calzado para poder vivir. Todos los otros modelos de zapatos que había intentado usar y acoplarme a ellos, me rozaban, me molestaban, me fatigaban, me venían demasiado grandes o demasiado pequeños, demasiado estrechos o demasiado anchos. Estos zapatos son perfectos. El judaísmo es lo que me da alas para volar hacia HaShem, es lo que me da la alegría para el encuentro con el otro, es lo que me da fuerza para derribar las barreras que parecen invencibles, de su sabiduría es de lo que he podido tomar las herramientas para mi transformación interior, de la comida kosher se nutre mi alma, de mis hermanos judíos siento el calor de mi hogar, de Eretz Israel se tejen mis sueños.
Y te contaré aún más, casi un imposible, que mi esposo también está conmigo en este regreso a «casa». Y nuestra preciosa hija ya quinceañera conserva su alma limpia y pura, bezrat HaShem, en este pequeño Edén en el que HaShem ha convertido nuestro hogar. Sin HaShem, ¿ como iba ya a vivir?. Sin ser judía ¿ como iba yo a andar?.
Así pues, no temas, déjate llevar por ese impulso que ya sientes, que indudablemente El ha puesto en tu corazón, para la Vida. Estudia, pon en práctica lo que comprendas. No mires atrás.Buscate un buen maestro del que aprender la Verdad. Y ten fe en Tu Creador, que El sabe lo que es mejor para cada uno, El no se equivoca nunca.
Y sepas que me tienes a tu disposición sinceramente para lo que humildemente pueda ayudarte. ¿ Donde vives? ¿ No hay javerim cerquita de tí? ¿ Estás seguro?. No estás solo.¡ Bienvenido al «Club»! Me gustará seguir sabiendo de tí,, no quiero perderme tu proceso que va a ser otro milagro, bezrat HaShem.
Te deseo Shabat Shalom de corazón, adentrate en él y sorprendete del tesoro que Di-s te tiene reservado.







