Un viaje a los Sobotniks Judíos Vysochki, al sur de Rusia – Segunda Parte
Tal como lo he señalado en el primer artículo de la serie sobre este tema, los sobotniks preservaron su judaísmo con gran dedicación a pesar de las persecuciones del zar y la Iglesia. Este fenómeno singular no se dio en lugares más liberales y con libertad de culto, sino en un país controlado por el zarismo, la Iglesia y el comunismo. A pesar de todas las dificultades, los sobotniks conservaron el judaísmo y siguen existiendo hasta el presente. No caben dudas de que se han sacrificado por él a pesar de las persecuciones de la Iglesia, incluida la quema y la mutilación como castigos por guardar el judaísmo. A pesar de que las comunidades de sobotniks en el imperio soviético generalmente mantuvieron el estilo de vida judío más que muchos judíos rusos, los setenta años de despótico gobierno comunista dejaron su impronta sobre ellos. La relación de la joven generación con el judaísmo se ha debilitado y si no les tendemos una mano, desaparecerán al cabo de una generación o dos.
A pesar de los dos siglos de expulsiones, persecuciones y odio, los sobotniks lograron sobrevivir y mantener su judaísmo en condiciones sumamente difíciles. El gobierno soviético trató de forzarlos a asimilarse obligándolos a trabajar en sábado, intento que generalmente fracasó. Las autoridades también asentaron no judíos en los centros de población sobotnik, con la esperanza de quebrar su estructura comunitaria tradicional y consolidada.
Los sobotniks sufren hasta el presente graves manifestaciones de antisemitismo por parte de sus vecinos cristianos. Los prosélitos sobotniks que visité me contaron en detalle las agresiones de la población circundante, que continúan hasta el presente. En la aldea de Vysochki no hay manifestaciones de antisemitismo porque los sobotniks son mayoría, pero padecen la burla y el desprecio de los habitantes de las aldeas cercanas. Los cristianos locales los agreden e insultan por su judaísmo. Los sobotniks han padecido infinidad de agravios por parte de sus vecinos rusos, que no les permiten trabajar con ellos, dañan sus campos y no los autorizan a viajar en autobús junto con ellos.
Hasta el día de hoy hay una honda división entre los prosélitos sobotniks de Vysochki y sus vecinos no judíos, que los apodan «judíos», «prosélitos», «sobotniks» o «yids» (apodo despectivo de los judíos en ruso); los prosélitos sobotniks llaman a sus vecinos «rusos».
Para protegerse de la actitud hostil de los no judíos, los habitantes de Vysochki decidieron no vender ni dar en arriendo las casas desocupadas de la aldea a no judíos. Por eso pueden verse casas vacías, para que no lleguen pobladores no judíos.
El sufrimiento y el antisemitismo contra los sobotniks no son nuevos, sino que se remontan a dos siglos atrás, desde el surgimiento de este fenómeno. El zar Alejandro I los expulsó de sus casas en el siglo XIX y los dispersó por diversas aldeas en todo el país. Con la creación de la Unión Soviética, los sobotniks padecieron graves persecuciones bajo el régimen comunista; hasta el presente se los considera extraños y se los agrede, por su deseo de preservar la identidad judía y el legado tradicional de sus antepasados.
El origen de esta actitud hostil ante los sobotniks empezó en 1817, cuando se dirigieron al zar Alejandro I para pedirle que interviniera contra los ataques de la población circundante. En el petitorio elevado en 1817, 20.000 sobotniks de Voronezh se quejaban de «la represión (que padecemos) a manos de las autoridades locales, cristianas y civiles, porque aceptamos la verdad de la ley mosaica». La reacción del zar no se hizo esperar: emitió varios decretos contra los sobotniks y los dispersó por todo el imperio para que no pudieran influir sobre sus vecinos. El zar decretó que «los líderes de las sectas judías y sus maestros serán reclutados al servicio militar y quienes no estén en condiciones de prestar serán expulsados a Siberia»… Todas las actividades externas de la secta, como las plegarias y el cumplimiento de diversos ritos muy diferentes del culto cristiano, fueron prohibidas.
Las persecuciones contra los sobotniks en general, y contra los sobotniks prosélitos en particular, prosiguieron muchos años. En tiempos del zar Nicolás I (1825-1855) las persecuciones obligaron a muchos miembros de la sectar a huir a otros lugares, en especial el Cáucaso. En tiempos de Alejandro II la situación mejoró, y vivieron una época de tolerancia religiosa, pero las persecuciones se reanudaron con Alejandro III, a partir de 1833, lo que llevó a la creación de poblaciones concentradas de sobotniks en lugares alejados y dispersos de Rusia, entre ellos el norte del Cáucaso, Sarátov, Tambov, Irkutsk, Voronezh, la región de Koban, Tbilisi y Siberia.
En Siberia, el lugar de exilio de los disidentes, surgió una gran comunidad de prosélitos sobotniks que pensaban que ese lugar les proporcionaría la tranquilidad necesaria para cumplir con los preceptos del judaísmo.
Los sobotniks desterrados no renunciaron tan fácilmente a su fe judía y crearon comunidades independientes y cerradas en zonas apartadas.
La Iglesia Pravoslava buscó los medios de poner freno a la ola de «herejías» y lanzó una andanada de edictos y decretos contra los judaizantes.
Los sobotniks no vieron mejorar su situación bajo el gobierno soviético. Las comunidades sobotniks en Ucrania que cayeron bajo la ocupación nazi a principios de 1940 fueron asesinados junto a los judíos asquenazíes. Cuando se abrieron las puertas de Rusia, a fines de 1990, los sobotniks empezaron a salir del país.
Su situación y ascendencia judíasLa situación halájica de los sobotniks es compleja y poco clara, porque parte de su historia no es conocida y carecemos de documentos o testimonios sobre ella. Es cierto que no tenemos información precisa sobre el momento o lugar de conversión al judaísmo de quienes retornaron a él y se convirtieron en judíos plenos, pero no se puede obviar la abnegación de los miembros de la congregación en el cumplimiento de los preceptos y la celebración de matrimonios endogámicos; asimismo, contamos con numerosos testimonios de las bodas de prosélitos sobotniks con judíos asquenazíes de Rusia, y con judíos sefardíes del Cáucaso y Azerbaiyán.
Según los historiadores e investigadores, la situación ya descripta de persecuciones reiteradas explica la falta de fuentes y datos claros sobre el movimiento de conversión al judaísmo en aquella época. En otras palabras, el hecho de que no hayamos encontrado constancias ni certificados de conversión en las comunidades sobotniks se debe, aparentemente, a la prohibición de conversiones por parte de diferentes gobiernos.
La Halajá judía exige diversas clases de evidencias para demostrar el judaísmo de una persona en general, y de un converso en especial, pero no siempre es imprescindible un documento que certifique la conversión. En realidad, existen tres formas de demostrar la conversión al judaísmo: a. Por medio de testigos aptos, que brinden testimonio de la conversión realizada ante un Tribunal apto compuesto por tres miembros; b. Por la presunción de judaísmo, que deriva del comportamiento judío religioso durante un lapso prolongado; c. Por la fidelidad del prosélito, en caso de no haber sido conocido como tal antes de su conversión.
La primera forma de demostrar la conversión por medio de testigos puede ser reemplazada por un certificado de conversión firmado por un tribunal, que certifique que determinada persona ha pasado la conversión ante un tribunal tripartito.
Pero la primera alternativa no es aplicable en el caso de los sobotniks, porque se trata de una conversión efectuada hace más de dos siglos. Hoy en día no contamos con testigos que puedan corroborarla, sino tan sólo con numerosos relatos y tradiciones sobre la conversión. Por otra parte, en aquella época no se solía entregar un certificado de conversión tal como se hace en el presente. También es probable que los tribunales rabínicos que convirtieron a los sobotniks temieran entregar certificados oficiales por miedo al gobierno y a la Iglesia, que efectuaran las conversiones como actividades de los tribunales rabínicos y que los sobotniks se hayan convertido en judíos según la Halajá, pero que no se les haya dado ninguna constancia escrita para no hacerlo público.
Hay quienes tratan de aplican la lógica y sostienen que no cabe suponer que los sobotniks se convirtieron formalmente al judaísmo, sino que sólo judaizaban, es decir, que cumplían los preceptos pero que no se convirtieron ante un tribunal, porque la conversión era un hecho muy peligroso y aun prohibido. Más aún, no sólo que no hay evidencias que corroboren esta hipótesis, sino que a lo largo del tiempo la historia ha demostrado que en los movimientos religiosos y espirituales existe la norma de «cuanto más los oprimían, más se multiplicaban», es decir, cuanto más se pretende aplastar el crecimiento de algún movimiento espiritual, más se desarrolla y prospera.
Pero existe otra forma de demostrar la conversión de una persona sin necesidad de testigos: la «presunción de judaísmo» a través del cumplimieno de los preceptos. Una persona que acostumbra cumplir los preceptos y mantiene un estilo de vida judío a lo largo del tiempo tiene derecho a la «presunción de judaísmo» que anula su condición de «no judío» y genera la presunción de judaísmo, que reemplaza a la demostración de la conversión por medio de testigos. La causa de ello es que se considera que un comportamiento religioso prolongado demuestra la existencia de una conversión halájica ante un tribunal de tres miembros. El Shulján Aruj dictamina lo siguiente al respecto: «Si un no judío o una no judía se presentan y dicen: ‘Me he convertido al judaísmo como corresponde en el tribunal de Fulano’, no puede integrarse a la comunidad hasta que presente testigos. Pero si lo vemos comportarse como judío y cumplir todos los preceptos, existe la presunción de que es un prosélito, aunque no haya testigos que puedan decir ante quién se ha convertido» (Yoré Deá, 268, 10; véase también Rambam [Maimónides], Halajot sobre la prohibición de contacto íntimo, capítulo 13, halajá 9). Ciertamente, las comunidades de sobotniks se comportaron prolongadamente como judíos en todo sentido.
Asimismo, cabe señalar que los sobotniks eran vistos como judíos o prosélitos por las comunidades judías de Rusia y Lituania, cuyos integrantes no les exigían convertirse. Hemos visto que enviaban rabinos, mohalim y shojatim a sus aldeas, aceptaban a los jóvenes de las aldeas de sobtoniks en sus academias rabínicas, les vendían objetos de culto y Libros de la Torá. Esto indica que los judíos atribuían a los sobotniks la presunción de judaísmo y los consideraban judíos plenos. El testimonio del Rabino Ytzhak Yaacov Zilber z»l nos enseña que en el Tribunal Rabínico de Jerusalén había un dayán (juez rabínico) cuyo padre –que había sido rabino en Kazen, Rusia– bebía el vino de los sobotniks y consideraba a los habitantes de Ilinka como judíos plenos. Ciertamente, hay algunas comunidades ortodoxas que hasta el presente aceptan a los sobotniks como parte integral de la comunidad y los llaman a leer la Torá, como la comunidad de Voronezh, algunas sinagogas en Moscú, Volvogrado, Toumysh en Georgia y la comunidad de Saban en Armenia.
En su artículo sobre la aliá de los sobotniks a la Tierra de Israel, el historiador Even-Hen describe el trayecto de esas familias de Rusia a Israel. En su opinión, se dirigieron al rabino de la comunidad judía más próxima a su lugar de residencia, el Rabino Israel Fibvar, para que los convirtiera. Al principio se negó (por lo visto, según lo requieren las normas de conversión: en pimer lugar rechazar al prosélito), pero posteriormente accedió y les enseñó religión y plegarias, y les preparó una sinagoga, una mikve y un shojet. Después de la conversión viajaron a Viena, en donde permanecieron un año y medio cumpliendo los preceptos y participando en la vida de la comunidad judía. Otros grupos que temían la persecución de las autoridades, llegaron a Kovna, Lituania, que se encontraba en la «Zona de Residencia» de los judíos y en la que había más tolerancia religiosa, y lograron convertirse con ayuda del Rabino Ytzhak Elhanan Spector de Kovna.
Como la conversión se realizó cuando los prosélitos eran ya adultos, el historiador describe cómo los ataron con sogas a las camas en lugar de usar anestesia (que no era conocida en aquellos tiempos), y así pasaron ese proceso con gran dedicación. Otros pidieron que no se los atara a la cama, para que la conversión o la circuncisión no fueran interpretadas como forzadas (Even-Hen, «Prosélitos afincados en la Galilea», Anuario de los Periodistas, Tel Aviv 5731, p. 153).
Si bien no hemos descubierto documentos o certificados que testimonien la conversión de los sobotniks, se pueden encontrar evidencias precisamente en los archivos y documentos de la Iglesia y los gobiernos regionales de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, que en documentos internos y secretos describieron la historia de los sobotniks y su vía al judaísmo.
En un documento de 1910 de un gobierno regional, un residente de un koljoz de sobotniks escribió a los funcionarios regionales: «Vuelvo a dirigirme al director del distrito para referirme a la secta judaizante (los sobotniks) de las aldeas. Sus plegarias se realizan en ruso, de la siguiente manera: el sábado por la mañana leen la plegaria matutina, cánticos y loas; por la tarde leen un libro especial llamado Sidur. Leen también el Pentateuco, el Libro de la Ley de Moisés (aparentemente se trata del Pentateuco habitual), traducido al ruso. Tienen costumbres religiosas… Su registro comunitario de personas, nacimientos y fallecimientos es manejado por los líderes religiosos, que anotan quién nace, quién contrae matrimonio y quién muere. Las bodas son celebradas por esos mismos líderes religiosos. No se divorcian; eso no existe entre ellos» (Documento nº 4, Informe a un funcionario del 01.10-14.10.1940; publicado por primera vez en hebreo y en su traducción al español).
Un documento interno de la Iglesia Rusa de 1914 dice: «En abril de 1874 presentaron un documento al Ministerio del Interior, en el que solicitaban ser considerados judíos abiertamente y cumplir los preceptos judíos de manera abierta… El cura local trató de convencerlos de que se liberaran de su judaísmo y pasaran a la fe pravoslava, pero ante cada argumento respondían: ‘Así creían nuestros antepasados y así creemos nosotros; nuestra fe es más antigua que vuestro Jesús, que por la fuerza fue amigo de D’os’. Empezaron a rezar los viernes por la tarde y los sábados por la mañana… En sus reuniones se pueden ver cosas que se ven también en las sinagogas de los judíos. Leían y cantaban según lo que dice en la Biblia, en especial los Salmos. Todos leían de libros y manuscritos que pasaban de mano en mano, en los que había cánticos y loas con textos en ruso. Se puede ver hasta qué punto están vinculados con la fe de sus ancestros por el consejo que les dio el cura pravoslavo local, de aceptar el cristianismo, y cómo le contestaron que no estaban interesados ni dispuestos a santiguarse, y que preferían cortarse las manos antes que hacerlo. Por esta terquedad que ponen de manifiesto, las aldeas de judaizantes Govald y Glebovka siguen existiendo hasta el presente, y eligen un líder que conduce todo el culto a D’os. Celebran el sábado, la Pascua y la Fiesta de Mardoqueo (Purim)… No tenían ni tienen sinagogas especiales. Se reúnen en las casas de sus líderes. No los eligen por su nivel de conocimientos u otras ventajas sino por el tamaño de sus casas, para que en ellas puedan reunirse muchas personas… Han recaudado dinero para comprar un Pentateuco y han comprado talitot que visten durante la plegaria. En las puertas de su sinagoga han colocado mezuzot, unas cajitas con palabras del Viejo Testamento. También vestían una prenda con cuatro bordes con flecos, tal como dice en la Ley de Moisés. Durante las plegarias se colocaban las filacterias, que son unas cajas de cuero con correas, en las que introducen palabras de la Ley de Moisés… Algunos de ellos viajaron a Kharkov para aprender a explicar su fe. No parecen tener ninguna inclinación a difundirla» (Informe interno de la Iglesia, 14.09.1914; informe nº 37, p. 993. También este texto se publica por primera vez en hebreo y en su traducción al español).
Con el paso del tiempo, los tribunales rabínicos de Israel reconocieron el judaísmo de los habitantes de Ilinka. Cabe señalar que en sus certificados de nacimiento rusos estaban inscriptos como judíos, a diferencia de los habitantes de la aldea contigua Vysochki, que no lo estaban. Cuando les preguntamos por qué, respondieron que por miedo a las autoridades, y aseguraron lamentarse de ello.
Hasta ahora, los tribunales rabínicos que examinan la condición judía han considerado a los posélitos sobotniks en general, y a los de Ilinka en particular, como judíos. En su decisión, los jueces rabínicos Rabino Abraham Dov Levín (presidente del tribunal), Rabino Shmuel Bibas y Rabino Baruj Shraga dictaminaron: «Ante este tribunal se ha presentado un investigador e historiador que cumple la Torá y los preceptos, quien atestigua que según las investigaciones que ha realizado, basadas en informes gubernamentales y antiguos libros de investigación, sumados a las probabilidades que derivan de ellos, la comunidad judía de la zona de Ilinka, Rusia, no es sino una comunidad de ‘sobotniks’ que han cumplido los preceptos judaicos en su mayoría sin haberse convertido, y que hace unos noventa años fueron reunidos de las poblaciones de los alrededores y asentados en Ilinka. Como la mayor parte de los habitantes de la región eran cristianos y los judíos constituían sólo una minoría, cabe suponer que contrajeron matrimonio con no judíos, y no precisamente con judíos. Como no había entre ellos rabinos, cabe suponer que no repudiaron a sus mujeres tres veces, según lo ordena la religión de Moisés».
Cabe señalar que los judíos de la comunidad de Ilinka gozan de la presunción de judíos y de descendientes de prosélitos, y que eran conocidos por el riguroso cumplimiento de los preceptos, aun cuando los demás judíos de otras regiones de Rusia se habían alejado de la religión; para saber más sobre ellos, véanse los dictámenes rabínicos de Jerusalén, tomo IV, p. 311.
Dictamen:Mientras no quede claro que esta investigación tiene suficiente base de sustentación, los miembros de la comunidad que gozan de la presunción de judaísmo gozan de la presunción de ksherim (aptos) (dictámenes de Jerusalén, leyes de patrimonio y examinación de judaísmo V, p. 209).
Cabe señalar que dicho dictamen se refiere a Ilinka, pero la aldea de Vysochki se encuentra a 25 km de ella y ambas manteneían relaciones de trabajo, judaísmo y matrimonios.
En otro dictamen rabínico (Jerusalén, leyes de patrimonio y examinación de judaísmo IV, p. 311), el tribunal señala: «Los habitantes judíos de la aldea rusa llamada Ilinka en la región de Voronezh preservaron la religión y los preceptos aun bajo el régimen comunista… Al examinar el judaísmo de algunos de sus habitantes, se presentó ante el tribunal el Rabino David K., nacido en Ilinka hace 70 años, que cumple la Torá y los preceptos… Según las tradiciones que conserva, todos los habitantes de la aldea eran judíos, a excepción de diez familias de no judíos que realizaban las tareas los sábados, y los judíos se cuidaban de no mezclarse con ellos. Recuerda las tres sinagogas de la aldea colmadas de fieles; hoy en día quedan allí cuatro Libros de la Torá. Recuerda al Rabino Zalman Zilberman de Minsk, que era un jasid y que fue enviado a desempeñarse como rabino del lugar; también recuerda que allí había un shojet y que la carne que faenaba era suministrada a los judíos en toda la URSS, hasta Kharkov. Las matzot se preparaban en casa, con agua nuestra. En la víspera de Yom Kipur cesaban todos los trabajos del koljoz y todos iban a la sinagoga».
La situación halájica de este grupo peculiar es examinada por el Rabinato Central de Israel. El Primado de Sion y Gran Rabino de Israel, el Rabino Shlomo Moshe Amar Shelita creó una comisión de respetables jueces rabínicos para que estudien el tema y dictaminen con respecto a su posición y condición. Lo que hemos escrito hasta ahora no es no más que una sugerencia de estudio, y los grandes sabios de Israel deben dictaminar al respecto.
Los sobotniks son conscientes de que por su historia peculiar y por carecer de los documentos requeridos hoy en día en el Estado de Israel para demostrar su judaísmo, existen dudas sobre su condición. Están dispuestos a pasar todo el proceso, incluida una nueva conversión o una conversión rigurosa, para seguir formando parte del pueblo judío. Cabe señalar que hasta ahora los sobotniks estaban comprendidos por la Ley del Retorno y el Estado de Israel se ocupaba de traer a los interesados a Israel. Sólo últimamente las diversas autoridades empezaron a restringir la aliá de los sobotniks y a permitir la aliá de las familias de sobotniks en las que no hay matrimonios mixtos.
Pero aunque haya dudas sobre la condición y orígenes de los sobotniks, parece necesario destacar las maravillosas palabras del Rabino Moshe Feinstein z»l, escritas en respuesta a una carta de 5748 con respecto a la situación de los falashmora, en respuesta a su nieto, el Rabino Tenelder Shelita, sobre la pregunta del Rabino Menahem Waldman: «Con respecto a su judaísmo, lo consideramos dudoso y se les debe exigir una auténtica conversión antes de permitirles incorporarse a la comunidad. Pero aun antes de la conversión se los debe salvar de la persecución religiosa y el peligro, como a todos los judíos, porque «la duda sobre las almas de la comunidad» es, en este caso, la duda sobe sus orígenes judíos. También debe saberse que aunque legalmente no sean judíos, puesto que ellos se consideran judíos y se sacrifican por el judaísmo, debemos salvarlos». Creo que estas palabras del Rabino Moshe Feinstein z»l deben aplicarse también a los sobotniks, pues no caben dudas sobre su abnegación y lealtad a la Torá y a la Tierra de Israel a lo largo del tiempo.
Es muy difícil pensar en una definición única para el fenómeno de los sobotniks, pero está claro que ya sea que los llamemos sobotniks, prosélitos, judaizantes, rusos de fe mosaica, de estirpe judía, guardianes del sábado o anusim, han vivido como judíos con maravillosa abnegación y son un símbolo y ejemplo del heroísmo judío. Si no encontramos la forma de acercarnos a ellos, de ayudarlos y, en especial, de traerlos a Israel, en una generación o dos serán parte de los libros de historia y desaparecerán del seno del pueblo judío. El Rabino Pinhas Goldsmit, Gran Rabino de Moscú, ha dicho que el tiempo de los sobotniks se está acabando. rabanim@ots.org.il







