Esperanza a la sombra de Auschwitz

Esperanza a la sombra de Auschwitz

Se ha nombrado un nuevo rabino para reconstruir la comunidad judía de la ciudad polaca de Cracovia, a corta distancia de Auschwitz. 

 

 

Abraham Flaks, a sus 38 años, se ha convertido en el primer rabino de Cracovia desde el Holocausto. Debe ser el sueño del destino. La ciudad al sur de Polonia fue un centro de erudición judía por más de 700 años. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, era el hogar de unos 60000 judíos – un cuarto de la población local.

La literatura judía está llena de historias de Cracovia: las fábulas de los golems, la sabiduría de sus rabinos, los casamenteros, el día de mercado y las coloridas fiestas como sucot, pesaj y januca. Pero ser el rabino de Cracovia significa cargar con la abrumadora responsabilidad por estar en el más grande cementerio judío: Auschwitz. De alguna forma el rabino Flaks deberá devolver la luz a la comunidad judía viviente – y enfrentarse a las terribles sombras dejadas por el cercano campo de concentración.

“El desafío es inmenso,” dice el rabino, hablado parcialmente en inglés y parcialmente en ruso. Nacido en Moscú, emigró a Israel en 1992. No se pudo encontrar ningún judío polaco para ocupar el puesto. El Holocausto dejó allí tan sólo 2000 judíos y una campaña gubernamental antisemita en 1968 forzó a dejar a muchos otros.

Actualmente, solamente 157 judíos registrados en Cracovia. La mayoría de ellos son ancianos y enfermizos. ¿Dónde se hubiera podido encontrar en Cracovia un candidato adecuado? Incluso en rabino principal de Polonia, Michael Schundrich es un americano.

Esta es la paradoja moderna de la cuna del judaísmo europeo. Los judíos ahora se reconocen, solamente por su ausencia. El nuevo rabino de Cracovia y yo nos encontramos en el antiguo distrito judío de Kazimierz, en el acogedor restaurante Lesmer Hois pintado de rojo. Afuera, 100 años atrás, la plaza principal – la Szeroca – se encontraba llena de ruido y ajetreo: niños con sus carretillas ofreciendo sus mercancías, comerciantes cotilleando, discusiones y risas. Sobrevivió los años posteriores a la guerra como una pocilga, ocupada sola por ladrones y prostitutas. Desprovisto de judíos, ahora Kazimiers está volviendo a la vida, aunque muchos dicen que es más un proyecto de renovación urbana que un intento de revivir el judaísmo.

Los pintorescos restaurantes y cafés de “estilo judío” esparcidos a lo largo de su laberinto de calles y patios son “tan judíos como un sándwich de tocino en una boda jasídica”, de acuerdo a Chris Shwars – nacido en Gran Bretaña – fundador y director del nuevo Museo judío en el distrito de Galicia. El rabino Flaks está atrapado entre una pequeña y menguante comunidad de creyentes, en un intento masivo de comercializar la ciudad para turistas americanos e israelíes.  Está el tour del ghetto y el tour de Oscar Shchnidler. Están las noches de música Kezmer. Los bares y cafés judías, todos adornados al estilo judío polaco de los años 30 con sillas y mesas de madera mal emparejada, y manteles blancos de ganchillo, todos ofreciendo la misma comida tradicional judía: Pavo con almendras, el caviar judío (paté de hígado), cholent (estofado) y una selección de vinos kasher. Todo es una farsa, digo yo. El rabino asiente con la cabeza cautelosamente. Él está comenzando a comprender que él tiene que trascender del Disneyland judío y construir una coalición activa entre los judíos anciandos y la esperanza del futuro: una nueva generación de polacos que sólo ahora están descubriendo sus raíces judías.

“Es un fenómeno trágico, pero fascinante,” dice Michael Freund, Director de “Shavei Israel”, una organización que funciona desde Israel quien envió al rabino Flaks a Cracovia y financia su trabajo en dicho lugar. “Primero tienes a los judíos que sobrevivieron el Holocausto pero escondieron su judaísmo de las autoridades comunistas. Después de haber desaparecido el comunismo, cada vez más personas se están sintiendo libres de enfrentar su identidad judía. Además, existen muchos casos de niños judíos que fueron adoptados por familias e instituciones católicas durante el Holocausto. Los católicos les ocultaron su verdadera identidad. Ahora, sin embargo, hay muchos casos de confesiones en el lecho de muerto, donde los padres adoptivos, tal vez por sentimiento de culpa o por dejar claro los testimonios, finalmente dicen: ‘Ah, a propósito, tu realmente eres judío’.”

Kasia Czerwonogora tenía 13 años cuando ella y su hermana descubrieron unos antiguos documentos en la mesa de su padre que revelaban que era judía. “No lo podía creer,” dijo. “Pero mis padres no estaban muy contentos que lo descubrimos. Mi madre fue bautizada como católica y mi padre había perdido muchos amigos que fueron forzados a abandonar el lugar durante la campaña de 1968. A él le preocupaba las posibles consecuencias que conllevaría tener una identidad judía en Polonia.”

Czerwonogora, ahora de 20 años y estudiante de sociología en la Universidad de Cracovia, no estaba dispuesta a abandonar. “Realmente me interesé en mis raíces,” dice. Ella comenzó a asistir a la sinagoga y fue a visitar Israel en un viaje financiado por el Estado de Israel, Birthright.

Cuando retornó, formó Czulent, un grupo de apoyo para jóvenes cracovianos que, como ella, había descubierto o estaban en proceso de descubrir, que no eran quienes pensaban que eran. “Al principio éramos como los ‘judíos anónimos’,” dice ella. “Los encuentros eran como sesiones terapéuticas, levantándonos y hablando de cómo nos sentíamos. El impacto de descubrir que no éramos lo que pensábamos que éramos hizo surgir muchas preguntas.”

El grupo, que se reúne semanalmente en un apartamento de una habitación en Kazimier, cuenta ahora con 30 miembros, entre los 18 y los 40 años. Además de tener charlas y lecturas de Torá, los miembros de Czulent toman clases de hebreo, ven películas judías y practican “Krav Maga”, una forma de autodefensa israelí. También preparan cenas de shabat, kasher, según dice Czerwonogora “por respeto” a los cinco miembros del grupo que se son judíos observantes. “si, ellos son los miembros fijos” se ríe el compañero de Czerwibigira, Piotr Radwiski.

El estudiante de lenguas de 25 años descubrió que era judío hace diez años cuando su abuelo decidió “confesarse”. “Fue educado como católico y asistía a la iglesia, entonces me causó una gran conmoción,” dice. “¿Si pienso que soy judío? No lo sé. Tal vez.” Se encogió de hombros. “Soy una mezcla de mis experiencias”.

Czerwonogora y Radwiski son la norma de la “nueva comunidad judía” de Cracovia, la cual se estima que está conformada por un par de miles, que ya lo saben o aun no.

“Pongámoslo de esta manera,” dice Czerwonogora. “Estamos realmente interesados en la cultura y religión judía y en explorar nuestro legado, pero también nos gusta celebrar la navidad.”

Sin lugar a dudas el sentimiento es compartido por muchos de quienes asisten al floreciente festival cultural judío. Siendo un pequeño evento que comenzó en 1988, actualmente el anual evento musical de verano atrae a 30000 personas, judíos y no judíos que visitan Cracovia. Kasimierz tiene un nuevo centro de cultura judía y la Universidad local de Jagiellonian abrió recientemente un nuevo Instituto de Investigación Judío. No es de sorprenderse que ninguno de sus 200 alumnos sean judíos practicantes.

“Casi se ha vuelto una moda poder decir que eres una judío de Cracovia, especialmente entre la juventud,” dice Czerwonogora. “La gente cree que esto es realmente exótico. Y yo ya no me preocupo realmente por el antisemitismo.”

¿Pero es el futuro de la vida judía en este lugar sólo una cuestión de moda? “Obviamente sería genial si la comunidad reviviera nuevamente,” dice Czerwonogora. “Pero la verdad es que no lo visualizo. No seré yo quien la lidere.”

El rabino Flaks dice que él es un “rabino post-moderno”. Él dice que no piensa forzar un renacimiento al por mayor. “Soy ortodoxo, por supuesto,” dice él, “pero tolerante. Y, aunque no pienso forzar a nadie a hacer nada, es de gran importancia, para aquellos que están interesados en retornar a su fe judía, el hecho que yo esté acá.”

El rabino Flaks, el mismo un forastero, puede que también vea venir al renacimiento desde muy lejos. “Polonia ha tenido una noción tan negativa de los judíos por muchísimo tiempo, “dice Wojter Ornat, un cracoviano de 41 años, cuya pequeña casa editorial Austeria hace buen negocio vendiendo libros sobre la vida judía en Polonia. “Pero esto está cambiando ahora.”

Un 70 por ciento de los judíos del mundo pueden señalar que sus ancestros provenían de Polonia. Muchos están retornando. “Yo personalmente se de 10 israelíes que están comprando apartamentos en Cracovia,” dice el Sr. Ornat.

“Ya no tienen miedo de venir aquí. El foco de la muerte sobre Polonia es cuestión del pasado. En estos días se trata más de la vida judía.”

“Es un gran paso adelante el hecho que de la comunidad se siente lo suficientemente segura de sí misma como para contar con un rabino de jornada completa,” dice él. “Quién sabe qué va a pasar en el futuro. Pero sin un rabino, sin una estructura, no tendríamos ni siquiera una posibilidad.”

Piotr Radwiski no está tan seguro. “No estoy seguro que podamos revivir completamente la vida judía de Europa central y oriental, dice. “Se han ido por siempre. Lo que hicieron los nazis, el Holocausto, es irreversible.” Los sobrevivientes del Holocausto, según él, guardaron viva la llama, pero la generación de sus padres la escondieron. Existe el vacío de una generación y esto, dice él, es difícil de reemplazar. “Ciertamente conservar viva la memoria es muy importante. Pero la historia ha continuado.” El admite que el interés por sus propias raíces judías es fortificado por la fe de su abuelo. “Yo creo que ambos sabemos”, dice él, “que en el momento que no se encuentre aquí será el final.” Unos segundos después, lo reconsidera. “Pero tal vez lo sienta diferente cuando él fallezca.”

Sin embargo, el rabino Flaks mantiene la esperanza. Ya en la ciudad por seis días, aún es muy temprano para juzgar apresuradamente. Su primer paso será realizar regularmente cenas de Shabat para fortificar los lazos judíos comunitarios y proporcionar un calido cuidado a los ancianos. “Espero que regreses en un año,” dice, lentamente. “Y espero poder contarte con más detalle sobre lo que hemos logrado.”

Fuera de Klezmer Hois, el quinto grupo turista del día que espera en la entrada. “Una última aclaración sobre la comida de este lugar,” dice el guía turista. “Es sin lugar a dudas no kasher.” El grupo parece interesado, pero no particularmente sorprendido. Luego se dirigen al próximo sitio de interés. Un par de segundos más tarde. Unos segundos después, el rabino Flaks sale en el soleado otoño y, pasa desapercibido sobre las hojas, por la plaza de adoquines hacia la sinagoga.

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