El Largo Camino de Regreso a Casa de Gila y Ariel Arditi, de Colombia a Jerusalem

El Largo Camino de Regreso a Casa de Gila y Ariel Arditi, de Colombia a Jerusalem

Cuando el abuelo de Gila Arditi adquirió una bóveda de entierro para su familia en Colombia, se aseguró de que la estructura se encuentre orientada hacia Jerusalem.arditi's couple

Su nieta, se encuentra hoy día viviendo el sueño que su abuelo sólo pudiese haber imaginado, mudarse con su marido Ariel y sus dos hijos a Israel.

Gila y Ariel estudian hoy día en el Majón Miriam, Instituto de Retorno y Conversión de Shavei Israel.

El camino no ha sido rápido o simple para los Arditi. La pareja, los cuales se encuentran a fines de sus 60, se conocieron cuando eran adolescentes. Su romance unió dos caminos muy distintos: la familia de Gila eran artesanos, mientras que la de Ariel tenía una fuerte formación agricultural.

Sin embargo, esta joven pareja de Bogotá tenía una tradición judía en común. Como Bnei Anusim –personas cuyos ancestros judíos fueron obligados a convertirse al catolicismo hace más de cinco siglos atrás – ambas familias festejaban muchas de las festividades judías, ayunaban en Iom Kipur y encendían las velas de shabat.

Otras costumbres que Gila y Ariel cumplían cuando crecían era salar la carne (parte de un proceso para realizar la carne kosher), separar los cubiertos de carne y leche, lavarse las manos antes de comer, y circuncidar a los niños. Las familias también cumplían la “shivá”, se sentaban en sillas bajas cuando alguien fallecía y se encontraban de duelo por un año – como en la tradición judía.

La gran familia de Ariel – tenía 9 hermanos – llegó a mudarse a un nuevo pueblo donde los mercados tenían lugar el domingo y así no debían trabajar en Shabat.

Había asimismo, otras interesantes interpretaciones dentro de dicha familia: dividían la tierra en siete partes y cada año dejaban a otra descansar (lo que recuerda la ley judía de shmitá). Durante la festividad de Pesaj, comían siete tipos diferentes de sopas por cada uno de los días.

Y también el shofar. “Desde jóvenes”, dice Ariel, “sabíamos utilizar el shofar, pero no era algo religioso. Durante la guerra de los mil día (una guerra civil que sacudió a Colombia en los años 1899-1902), necesitábamos comunicarnos entre los lugares,  para poder avisar si había una situación de peligro. Los judíos tenían su propio lenguaje mediante el shofar.

A pesar de todas estas pistas, los Arditis – como otros muchos Bnei Anusim – no relacionaron entre sus tradiciones familiares y el judaísmo hasta mucho más tarde – cuando la hija de Gila comenzó a explorar sus raíces.

“Siempre supimos que éramos diferentes”, dijo Gila. “Las personas de nuestro pueblo nos lo dijeron, pero pare nosotros era totalmente natural”.

Gila estaba fascinada con el descubrimiento de que ella era judía. “Sentí un despertar repentino”, explica. “Como si todo este tiempo hubiese caminado con una venda en los ojos. Estoy tan feliz de saber de dónde soy y hacia dónde voy”.

Los Arditi se mudaron prontamente de las afueras de la ciudad hacia Bogotá – la capital de Colombia – y en shabat estudiaban Torá. Sin embargo, nunca entraron en una sinagoga hasta que llegaron a Israel. En parte, porque la corriente dominante de la comunidad judía de Bogotá no les daba la bienvenida a las familias de Bnei Anusim, a pesar de las intervenciones y recomendaciones del Rabino Eliahu Birnbaum. Ariel comenta que lloró cuando la comunidad los rechazó.

Sin embargo, los Arditi llegaron a Israel con la ayuda de Shavei Israel. Hoy día viven en los suburbios de Jerusalem, en Maalé Adumim, Gila y Ariel pasan sus tardes estudiando en el Instituto Majón Miriam de Shavei, lugar al cual describen como sitio donde encuentran apoyo y tranquilidad.

“Hemos encontrado mucha paz a través del ulpán”, dice Gila. “Los profesores son muy humildes – realmente nos llegan al alma”. ¿Es acaso la gran cantidad de estudio, de hebreo y judaísmo, un desafío para la pareja? Por supuesto, admite Gila. “Pero la santidad de este lugar nos ayuda a comprender mejor”.

Los dos hijos de los Arditi han encontrado también su camino a Israel. Su hija – quien comenzó todo el proceso de redescubrimiento judío – está casada y Gila pasa sus tardes cuidando a su primera nieta. Su hijo hizo el ejército colombiano en Egipto desde donde iba a visitar a su hermana, hasta que decidió mudarse aquí. Gila llegó primero a Israel; Ariel vino sólo varios años más tarde, luego de vender su casa en Colombia.

Cuando les preguntas sobre sus primeras impresiones sobre los israelíes, Gila bromea “son como las cuatro especies (las cuales son utilizadas en Sucot). Hay todo tipo de ellos, religiosos y no religiosos…” Invoca la metáfora del cactus de la que los israelíes reciben el nombre de “sabras”. “Al principio pensé que peleaban todo el tiempo, pero luego descubrí que esa es su forma de hablar y que por dentro son realmente dulces”.

La pareja se ha vuelto realmente israelí. ¿Considerarían retornar a Colombia? “De ninguna manera”, dice Gila. “Es una gran mitzvá estar aquí. Cuánto más aprendemos, mejor comprendemos por qué estamos aquí. ¿Cómo podría cambiar esto? ¿Cómo podría regresar?”.

Ariel compara su travesía a Jerusalem como la del patriarca Abraham. “No tenía problemas económicos”, dice Ariel. “Solamente vino porque D’s le dijo que lo haga”.

La conexión que hace Ariel con Abraham no es sorprendente: en Colombia, los Bnei Anusim escribieron su propia plegaria para expresar sus más profundos anhelos. La misma comienza así: “D’s de Abraham, Isaac y Yaakov, oí Señor nuestras oraciones, e favorable a nuestra suerte, levantad el azote de Vuestro enojo y haced que nuestro llanto se convierta en alegría para que viviendo alabemos Vuestro santo nombre y continuemos alabándote eternamente”.

De humildes raíces a orgullosos judíos, Gila y Ariel se encuentran aquí para quedarse.

Comments

comments