Las nuevas comunidades judías en Colombia
Desde el año 1995 se empieza a gestar en Colombia una revolución de sentimientos afines a nuestra religión donde en diferentes ciudades del país, sin una específica relación entre ellas, emprenden pequeños grupos de estudio, investigando sobre que caminos deberán recorrer para ser adoptados en nuestra religión.
En base a que las comunidades tradicionales, desconociendo que estas personas con libre albedrío y decisiones maduras deseaban prepararse de la mejor manera, obligó a estos a buscar asesorías que fueron efectivas en algunos casos pero frustrantes en otros.
Muchos líderes toman, inclusive la decisión de alejarse de sus carreras para dedicarse a estudiar Tora y apoyar el aprendizaje de los miembros de las comunidades que se gestan.Así, en Cartagena, Barranquilla y Bogotá, empiezan a nacer nuevas comunidades.
En Cartagena, varias familias emprenden una singular historia y actualmente se han unido judíos de nacimiento y judíos por adopción en un esfuerzo donde pretendemos demostrarle al mundo que si nosotros nos nutrimos de su devoción y ellos de nuestras costumbres el resultado se traduce en una muy buena integración.
En Bello, municipio de Medellín, surge increíblemente una comunidad con todas las características de nuestras comunidades tradicionales, con escuela, rabino y sinagoga.
Dos nuevas comunidades en la ciudad de Cali toman forma agrupando a un número significativo de participantes, además de las ya existentes de Cúcuta, Bucaramanga, Montería, Santa Marta y Villavicencio.
En el camino algunos miembros de nuestras tradicionales comunidades colombianas, como el Rabino Alfredo Goldscmidt, Jack Goldstein y mi persona, empezamos a solidarizarnos y comenzamos a publicar artículos que llamasen la atención sobre las necesidades estructurales de las nuevas comunidades.
Posteriormente en un trabajo conjunto creamos la ASOCIACIÓN DE COMUNIDADES ISRAELITAS COLOMBIANAS que lucha por la integración de los nuevos correligionarios y dotarlos de las mejores posibilidades en el camino de hacer Alia y prepararse integralmente, para ser reconocidos en nuestro mundo.
La Asociación se crea con seis comunidades que agrupaban a unas 250 personas. Pero cual sería nuestra sorpresa cuando un año después contabilizamos 1000 correligionarios agrupados en múltiples comunidades, donde la mayoría poseía un certificado de conversión (Teuda Guiur) de rabinos conocidos.
¿Un proselitismo explosivo? No. En todas las nuevas comunidades hay la plena conciencia que todo iniciante deberá recorrer un largo camino para ser aceptado. La respuesta está en que cientos de familias practicaron silenciosamente nuestras costumbres por muchos años y al detectar una organización que permitió buscar caminos de integración en Colombia, conforman así los minian en pequeñas comunidades.
El camino en Colombia ha sido extremadamente complicado, y está lleno de historias heroicas, de tesón y gallardía. Pero el resultado es que la mayoría de las comunidades, en este momento, son religiosa, histórica y litúrgicamente muy preparadas.
Desde abril pasado en que organizamos un Shabaton, y seminario con la asesoría de nuestro gran Rabino Alfredo Goldscmidt , con los dirigentes de Shavei Israel, en la cabeza de su Presidente Michael Freund y su Director Rabino Eliahu Birnbaum, con un magnífico trabajo logístico en Bogotá, abanderado por Jack Goldstein, además de la participación de 120 líderes de todo el País y varios dirigentes de nuestras asociaciones tradicionales, es que encontramos algo de tranquilidad en nuestro presente y futuro y un cambio en la mentalidad de muchos.
En el mes de julio, con el concurso de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia se dicta un seminario de Hasbará 1, con la participación de, alrededor de 100 asociados.
En este momento se encuentra en nuestro País el Rabino Shimon Yeoshuah, quien en representación de Shavei Israel interactuará con nuestras comunidades, brindando educación y consejo a cada una, por espacio de uno o dos meses por ciudad.
La participación de las nuevas comunidades es extensa por el país. Por ejemplo, la comunidad de Cúcuta brinda apoyo a las comunidades emergentes y tradicionales de nuestro vecino Venezuela.
En la comunidad de Pontevedra en Bogotá se establece una Yeshivá que sirve de preparación y puente para que nuestros muchachos, al tomar la decisión de emigrar a Israel, tengan una visión predeterminada de la vida dentro de esta. En Cartagena apoyamos a seminarios, congresos y turismo en general. Las restantes comunidades viven en la convicción del apoyo a nuestro estado y nuestras costumbres.
Movimientos como el colombiano están surgiendo en toda Latinoamérica y el mundo, donde se da clara muestra de las necesidades de hermandad y entendimiento, donde se tracen políticas ciertas que eviten el resentimiento y las distracciones. Pero sobre todo que la incertidumbre no sea una sombra que actúe como cual analfabetos al no contar en algunos casos con la experiencia de las entidades tradicionales.
Sugiero, que en el tema específico de las comunidades nacientes, se plantee un liderazgo regional e internacional especializado en el tema, y que podamos intercambiar experiencias que eviten lo que nos ha sucedido en Colombia, que por cada paso dado, debimos retroceder dos, y así sucesivamente por nuestra falta de preparación y recursos.
El artículo fue originalmente publicado en Radio Jai







