Éxodo en la era moderna: la remarcable historia de las comunidades judías emergentes de El Salvador
Todos los viernes por la tarde, un extraordinario éxodo de la era moderna, tiene lugar en San Salvador. Entre 50-60 personas hacen su camino en autobús o carro (pero nunca a pie – ¡es muy peligroso!) a la sinagoga Beit Israel en la capital de El Salvador. Cargan con ellos un surtido de aperitivos, comidas y postres, junto con mudas de ropa para el fin de semana.
Una vez allí, ponen la comida en la plata caliente, la cual se encuentra conectada a relojes especiales y expanden colchones para prepararse para la dormida semanal en la única sinagoga que tiene la comunidad en San Salvador. Comen juntos, rezan juntos y han construido una remarcablemente cohesiva comunidad en solo unos años. Agreguen a eso, la primer mikve kosher del país, la cual se inauguró en jánuca dentro del complejo de Beit Israel (vea las fotos de abajo).
La creación de la única mikve de El Salvador, fue posible gracias al emisario que Shavei Israel envió allí en Mayo del 2013, el Rabino Daniel Touitou. El Rabino Tuitou trajo el conocimiento y Shavei Israel ayudó financieramente.
Eliyahu Franco, 28, presidente de la Sinagoga Beit Israel en San Salvador y de la Federación de Comunidades Judías Emergentes, estuvo recientemente en Israel junto con otros miembros de la comunidad, incluyendo su esposa Batia. Se sentó con nosotros y compartió más detalles de la vida judía en el país.
Beit Israel existe ya hace cinco años, pero solo abrió como sinagoga formal en el 2013, explica Franco.
“Anteriormente nos reuníamos en pequeñas casas. Ahora tenemos todo: un Sefer Torá, una mejitzá, una bimá. Aún estamos alquilando, pero es un contrato de largo plazo”.
Si bien nunca es fácil ser judío tan lejos de una comunidad judía grande, El Salvador es remarcablemente amigable para los judíos, dice Franco. Es usual ver un Maguén David o una menorá con elementos de diseño o en un cartel de un autobús o negocio. Más aún, Franco viste su kipá abiertamente en la calle “y la gente se me acerca y me dice amamos al pueblo judío”.
Franco piensa que el afecto puede estar conectado con la historia de El Salvador: entre 30.000 y 50.000 judíos húngarons fueron salvados de la shoá en la operación conocida como “La acción de El Salvador”. En 1942, el Coronel José Arturo Castellanos, consul de El Salvador en Génova, emitió miles de “certificados de ciudadanía” para distribur a los judíos de Hungría, permitiéndoles escaparse de los nazis. El Salvador fue el único país durante la Segunda Guerra Mundial que emitió pasaportes a los judíos.
A pesar de que muchos de los judíos que fueron salvados durante la shoá han abandonado El Salvador o se han asimilado, aún queda un sentimiento positivo hacia ellos en el país, dice Franco.
La esposa de Franco, Batya, explica que los miembros de la comunidad cuidan ya hace bastante tiempo las leyes de pureza familias, lo cual requiere la utilización de una mikve una vez al mes. “Utilizábamos un lago o íbamos al océano, pero a veces daba mucho miedo o resultaba muy dificil”, dice. “Hemos pensado en construir una mikve durante muchos años, pero no teníamos el lugar y no sabíamos cómo hacerlo – de dónde debía venir el agua, qué porcentaje necesitábamos de agua de lluvia”.
La apertura de la mikve en diciembre fue una oportunidad para que toda la comunidad se reuna y celebre. “Como era jánuca, teníamos muchísima comida frita para la festividad”, continúa Taliá, “más un castillo inflable para los niños, pinturas de caras, perinolas, un torneo de fútbol y música en hebreo. Vinieron 200 personas, incluyendo el Embajador de Israel a El Salvador, Shmulik Bass. Hubo discursos, encendido de velas, y el embajador cortó la cuerda de entrada a la mikve en forma ceremoniosa”. La mikve se llama Taharat Israel, lo cual significa “la pureza de Israel”.
Ahora que la mikve está lista, el Rabino Tuitou también ha ayudado a la comunidad a conseguir productos kosher. Con la ayuda del emisario de Shavei, un shojet fue entrenado en Armenia, otra comunidad judía emergente en El Salvador, y ahora toda la comunidad tiene acceso a pollo kosher (“aunque no a carne”, se lamenta Taliá).
Las tres miembros de Beit Israel que visitaron Israel junto con los Franco, recuperaron el tiempo perdido, visitando cuanto más restaurantes kosher posibles en su breves dos semanas de visita, mientras que absorbían todo lo que el Estado Judíos tiene para ofrecerles. Dos de ellas, Sofi, 23, estudiante de comunicaciones en la universidad, y Verónica, 35, que trabaja en relaciones públicas, esperan poder regresar a Jerusalem en un futuro cercano para estudiar en una midrashá. Yael, 37, maestra de escuela, no está segura que pueda realizar el viaje, pero espera que su hijo de 11 años pueda asistir a una yeshivá algún día.
Mientras tanto, los cinco retornan a El Salvador con las baterías totalmente cargadas y listos para liderar una de las más sorprendentes y prósperas comunidades judías jóvenes en Centro América.
Si le gustaría apoyar a las actividades de Shavei Israel en El Salvador, por favor visite nuestra página “como puedes ayudar”.
Aquí les traemos algunas fotos de la inauguración de la nueva mikve.







