Author:

Durante un enfrentamiento con la guerrilla Hizbala en el Líbano, el Sargento Avi Hangshing oyó una gran explosión y se echó al suelo para cubrirse. Mientras los dos soldados intercambiaban fuego pesado, él gradualmente perdió su oído y su balance. Habiendo sido liberado del ejército para un tratamiento médico la semana pasada, Hangshing dijo que todavía estaba caminando “como un borracho”. La escaramuza libanesa pudo haber sido la batalla más debilitante que Hangshing haya combatido, pero fue a duras penas su primera. Antes que Hangshing haya podido unirse al Ejército de Defensa de Israel, tuvo que luchar para ser recibido en el país.
Por segundo año consecutivo, una vívida exhibición la cual relata la historia y experiencia de los Bnei Anusim (judíos que ocultaron su identidad por miedo a la persecución) llama la atención de la población brasileña, a medida que recorre todo el país de América del Sur.
Después de doce horas de viaje en tren desde Moscú, llegamos a la ciudad de Voronezh, al sur de Rusia. Desde allí viajamos tres horas más hasta la pequeña aldea de Vysochki, en donde encontré uno de los fenómenos más sorprendentes del mundo judío: los sobotniks. No hace falta explayarnos en la descripción de la aldea; bastará con decir que es un fiel reflejo del shtetl presentado en todos los relatos de Sholem Aleijem o S.Y. Agnon. La historia de los prosélitos sobotniks es la historia de la fe judía y su resistencia a lo largo del tiempo, en cualquier circunstancia o lugar. En el pasado, Vysochki era una aldea totalmente sobotnik, un auténtico shtetl en el que se preservaba el sábado y las festividades, se rezaba Shajarit, Minjá y Arvit, había un shojet, un mohel y todo lo necesario para llevar una vida judía. En 1970, el gobierno ruso intentó deshacer la trama judía del lugar y envió allí familias no judías, para que se radicaran en la aldea y dejaran su impronta sobre los habitantes de la misma. Hoy en día viven en Vysochki unas 1.200 personas; 900 de ellas son prosélitos sobotniks. En la CEI en general, y en algunas regiones apartadas de Rusia en particular, existen comunidades de sobotniks que se consideran judíos o, en realidad, rusos de fe mosaica. Con el paso del tiempo preservaron su judaísmo, tanto bajo el régimen zarista como en tiempos del gobierno comunista, más que muchas comunidades judías que tenían dificultades para hacerlo. Como es habitual en grupos de esas características, la población circundante los ve como judíos y no los respeta, sino que manifiesta abiertamente una actitud antisemita.
  Bajo el auspicio de Shavei Israel, el “Segundo seminario de liderazgo para Bnei Menashé” tuvo lugar en el Mirable Resort Hotel en Dhukikhel. El primer seminario fue realizado el año anterior en el mismo lugar.
En dos semanas y media, un grupo de jóvenes judíos pasarán Shabat en Auschwitz. Esta oración de apertura resulta practicamente imposible de comprender, y la misma no se refiere a una visita a un campo de concentración. Es la primera vez desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, que se realiza un intento de renovar la vida judía, en lo que fue alguna vez una aldea mayormente judía con un nombre que será relacionado eternamente con una de las más grandes tragedias de la historia judía.
Durante años han prendido velas en secreto, han intentado no asistir a la iglesia sin llamar la atención, y han escondido sus biblias. Ahora, han decidido salir a la luz. Cientos de descendientes de Anusim (conocidos como marranos) quieren retornar al judaísmo. Pero a lo largo del camino se han dado cuenta que incluso después de la inquisición, ahora enfrentan un nuevo enemigo: algunos judíos que ponen obstáculos en su camino.
Los judíos sefaradíes de la región amazónica del norte de Brasil, tienen razón para celebrar la publicación del primer majzor de Rosh Hashaná (libro de plegarias para el año nuevo judío), el cual incorpora sus costumbres y liturgias. El majzor beneficiará a los judíos portugueses de las comunidades judías sefaraditas como a los Bnei Anusim (personas cuyos ancestros fueron obligados a convertirse al catolicismo en la época de la inquisición y a los cuales los historiadores refieren como “marranos”) de Brasil y Portugal.
Al final de un estrecho, camino empedrado, en el corazón de la ciudad norteña de Portugal, la ciudad de Oporto, se encuentra un antiguo monumento al valor y la ingenuidad judía. Hace muchos años, trabajadores a cargo de renovar una estructura medieval en la calle Sao Miguel 9, en el antiguo cuarto judío, descubrieron una entrada secreta en el piso. Cuando la removieron, ingresaron a un gran cuarto lleno de polvo, el cual tenía un inusual hueco en la fachada.
Más de 500 años después de que sus ancestros fueron obligados a convertirse al catolicismo, y más de 300 años luego de que un pariente fue quemado por practicar secretamente el judaísmo, Miquel Segura de Mallorca, España, retorna al pueblo judío. La semana pasada, en una ceremonia que comenzó con la plegaria de shajarit en el Beit Kneset Shearit Israel, la sinagoga Español y Portuguesa de la ciudad de Nueva York, y continuó con una doble inmersión en las cálidas aguas de la mikve West Side, Segura reafirmó su conexión con sus ancestros judíos. El periodista de 65 años posee un árbol genealógico familiar, con detalles precisos, el cual se remonta a varios siglos atrás.

Cuando le pregunté una vez cuántos judíos cree que viven en América, me impresioné al ver su insistencia acerca de que debía de haber “cerca de 50 millones de judíos en este país”. Le pedí que explique la base de su razonamiento, mi amigo se...