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Enhorabuena a Sonia Manlun Lhungdim, inmigrante de Bnei Menashé a Israel que se graduó de la escuela de trabajo social. Sonia se une así a sus amigos, Itzjak y Esther Colney, que como ella también se graduaron en el Colegio Académico Safed en los últimos años. "Estamos muy orgullosos de Sonia por terminar su B. A. en Trabajo Social con la ayuda de Shavei Israel ", dijo Michael Freund, presidente de Shavei Israel. "Sonia planea dedicar su carrera a ayudar a otros - otra señal de cómo Bnei Menashé hacen a Israel mejor y más fuerte. ¡Mazal tov, Sonia!". Sonia llegó a Israel en 1998. Comenzó sus estudios hace cuatro años, tiempo durante el cual Shavei Israel pagó su matrícula y le proporcionó una beca mensual y tutoría para que pudiera concentrarse en sus estudios. Sonia también se casó, mientras estaba en la escuela y Shavei Israel ha estado ayudando a su marido Shalom con la formación profesional, incluida la preparación para tomar los exámenes psicométricos, la versión israelí de las pruebas de SAT en los Estados Unidos, los cuales son desconocidos en la India rural. Sonia y Shalom tienen dos hijos pequeños. Durante los años de su graduación, los Manlun vivían en la cercana ciudad de Maalot, donde hay una comunidad de Bnei Menashé desde hace tiempo. Ahora que Sonia ha completado el programa, la familia Manlun se ha trasladado a Kiryat Arba, en las afueras de Jerusalén, donde está estudiando opciones para servir a la comunidad local de Bnei Menashé. La “mejor amiga” de Sonia en la universidad, Esther Colney, también se trasladó a Kiryat Arba después de la graduación. Hoy Esther tiene una carga de trabajo de unos 50 adolescentes, incluyendo (aunque no exclusivamente) algunos jóvenes Bnei Menashé. A pesar de que tanto Sonia como Esther emigraron de la India, no hablan el mismo idioma - Esther es de Mizoram, donde Mizo es la lengua nativa, mientras que Sonia es de Manipur, que utiliza el Kuki - por lo que utilizan el lenguaje común de sus antepasados, el hebreo, para comunicar entre ellas. ¡Hablemos de un éxito en el ulpán! El hermano de Esther, Itsjak, vive en Migdal Haemek donde trabaja para el municipio como trabajador social a tiempo completo en el manejo de casos de Bnei Menashé.

La semana pasada, el mundo judío celebró Lag Baomer, el día 33 del periodo entre Pesaj y Shavuot, marcado en Israel y en todo el mundo judío con oraciones especiales, visitas a las tumbas de hombres justos y, para los jóvenes ( y los jóvenes...

En todo el mundo se oirá la semana próxima el cuerno de carnero de Rosh Hashaná (el Año Nuevo), que convoca a los judíos creyentes a los diez días de penitencia que finalizarán en Yom Kipur. Ningún fiel rezará con más fervor que los 80 extraños ex católicos de San Nicandro, Italia. La conversión de San Nicandro empezó hace unos 20 años con Donato Manduzio, un hombre pálido, de ojo negros, lisiado por una granada en la Primera Guerra Mundial, que durante años había yacido en una miserable jergón de paja en un altillo. Al principio lamentaba amargamente no poder reintegrarse a la vida cotidina de su nativa San Nicandro Garganico (20.000 habitantes), pero gradualmente, las voces de las mujeres que cantaban mientras acarreaban agua en vasijas de cobre, los gritos de los conductores de mulas de sombreros negros y el martilleo de los zapateros en sus tiendas pequeñas y oscuras (Donato había sido zapatero) dejaron de atraerlo: ya no los oía, porque estaba muy ocupado leyendo la Biblia. Además de cerrar los oídos a los sonidos de la jornada de trabajo, Donato dejó de oír las campanas de la iglesia. El estudio de la Biblia lo llevó a cuestionarse las doctrinas de la Iglesia Católica Romana.
Una de las historias más notables de todos los tiempos quedó indeleblemente grabada en los anales del judaísmo diez años atrás, cuando un grupo de italianos abrazó el judaísmo y se radicó en Israel. Esta acción fue el resultado de la convicción en la justicia de las enseñanzas espirituales del Viejo Testamento. La notable historia de este notable grupo es narrada por Phinn E. Lapide, que tuvo ocasión de conocerlos antes de la Segunda Guerra Mundial. Su libro El profeta de San Nicandro, una aventura moderna en busca de la fe (publicado por Beechhurst Press 11 36th St., NY16), narra una historia fascinante. Es texto se divide en dos partes: "La visión," que cuenta la historia temprana del descubrimiento del grupo y la aceptación de la nueva fe, y "El camino a Canaán", que describe su radicación en Israel, en donde viven actualmente integrados a toda la población judía.
Un descendiente de lo que alguna vez fue una comunidad judía próspera y floreciente localizada en la zona sur del río Amarillo de China, Shi Lei está actualmente enrolado en una Yeshiva de Jerusalem, estudiando hebreo y aprendiendo sobre la historia y la cultura judía. Shei Lei es el heredero de un legado orgulloso que fue trasmitido de padre a hijo por generaciones. Sus ancestros fueron judíos chinos, parte de una comunidad que durante casi un milenio gozó de relaciones pacíficas con sus vecinos chinos.
Jerusalem Post Por primera vez, una descendiente de la que alguna vez fue la vibrante comunidad judía de Kaifeng, China, pasó la conversión en Israel y retornó formalmente al judaísmo. En el pasado mes de junio, Jin Wen-Jing, una alumna de 18 años del colegio Yemin Ord, se presentó para la conversión ante el tribunal rabínico de Haifa bajo el auspicio del Gran Rabinato. Después de presentar un examen oral cuyo objetivo era valorar su grado de compromiso con el judaísmo, así como su conocimiento de la ley y tradición judía, los tres rabinos que conformaban el Beit Din informaron a Wen-Jing que había decidido aceptarla como judía.
Maariv On-Line Miembros de la comunidad de Bnei Menashe, que residen en el límite entre India y Burma, están esperando para hacer Alia. Y no han olvidado conmemorar el día de recuerdo y el de la independencia de Israel. Mientras los israelíes están ocupados esta semana organizando las ceremonias que conmemoran Yom Hazikaron (el día del recuerdo) y Yom HaAtzmaut (el día de la independencia), los miembros de la comunidad de Bnei Menashe en el noreste de India también se están preparando para recordar a los soldados caídos y celebrar la independencia del país.
Por primera vez, un centro educativo judío ha abierto sus puertas en Brasil con el objetivo de llegar a un gran número de Bnei Anusim que viven en el área Bnei Anusim son los descendientes de los judíos que fueron forzados a convertirse al catolicismo durante la Inquisición que comenzó en el siglo XV. “Beit Aryeh – el Centro para Bnei Anusim de Shavei Israel” se encuentra al norte de Brasil en la ciudad de Recife. Fue fundado por la iniciativa de la Organización Shavei Israel cuya principal sede se encuentra en Jerusalem, la cual trabaja para alcanzar y asistir a los “judíos perdidos” que desean retornar al Pueblo Judío. El centro se encuentra bajo la dirección del rabino Abraham Amitai, quien fue enviado el año pasado como representante oficial de Shavei Israel a Recife, donde también ejerce como rabino de la comunidad judía local. Graduado de un seminario rabínico israelí, el rabino Amitai habla perfectamente hebreo, inglés y portugués. “El centro servirá como un punto central para los Bnei Anusim aquí en el norte de Brasil”, dijó el rabino Amitai, señalando que “hay un gran número de personas en esta parte del país cuyas familias son descendientes de judíos y que desean retornar a sus raíces.” “Ya hemos comenzado a dictar clases”, dijo, “para aquellos interesados en estudiar sobre su legado judío y que desean reconectarse con el Pueblo Judío.” Los temas que se dictan en el centro incluyen idioma hebreo, historia judía y tradición, así como práctica y pensamiento judío. “Los historiadores creen que el noreste de Brasil es el hogar de una de las más grandes concentraciones de Bnei Anusim del mundo”, dice el Presidente de Shavei Israel, Michael Freund. “Los cripto judíos portugueses llegaron a Recife ya en el siglo XVI, y se decía que había unas 10 sinagogas secretas que operaban en el área.” En 1590 la inquisición comenzó a operar en Recife, y muchos “judíos secretos” fueron devueltos a Lisboa, Portugal donde fueron quemados en el estrado a causa de sus creencias, dice Freund. “Sin embargo, muchos otros consiguieron preservar su identidad judía, trasmitiéndola secretamente por generaciones hasta nuestros días, y es nuestra obligación llegar a ellos y ayudarlos a retornar.” El centro se llama “Beit Aryeh” en nombre de padre del tatarabuelo de Freund, R.Aryeh Chaim Kottler z¨l “quien se vio forzado a dejar su hogar en Rusia junto con su familia para escapar de las persecuciones anti-semitas, de modo similar como los ancestros de los Bnei Anusim tuvieron que abandonar España y Portugal para escapar a sus tormentos”. Además de Brasil, Shavei Israel cuenta actualmente con representantes en España y Portugal que trabajan para facilitar el retorno de los Bnei Anusim al Pueblo Judío. Además, esta organización también opera el Majón Miriam, un instituto de conversión en español ubicado en Jerusalem el cual funciona bajo el auspicio del Gran Rabinato de Israel y en donde muchos Bnei Anusim completan formalmente su proceso de retorno al judaísmo.
A cientos de kilómetros al sur de Moscú, en el remoto corazón de Rusia, se encuentra uno de los testimonios más convincentes del poder de convocatoria de la identidad judía. Allí, en la pequeña y nevada aldea de Vysoki, los últimos remanentes de un grupo conocido como los sobotniks se aferran tenaz, pero débilmente, a la religión de Moisés e Israel. Si bien sus orígenes se pierden en la niebla del misterio, los sobotniks, y todo lo que representan, reclaman nuestra atención y nuestra ayuda. Hace más de dos siglos, un numeroso grupo de campesinos rusos de la región de Voronezh decidió convertirse al judaísmo, como parte de lo que los historiadores describen como una inexplicable ola de "sectas judaizantes" que aparecieron en el escenario teológico de ese país. Se los conoció como "sobotniks" por su observancia del Sobot, o Shabat, de los judíos. Si bien no queda claro por qué optaron por ser judíos, una cosa es cierta: se requería mucho coraje para desafiar el antisemitismo y la oprimente discriminación de la Rusia zarista, que difícilmente podía ser considerada como un bastión del filosemitismo. En verdad, desde sus mismos comienzos padecieron terriblemente por su decisión de ser judíos. Simon Dubnow, el gran historiador de la judería en Rusia y Polonia, señaló que los sobotniks llamaron la atención del zar por primera vez en 1817, cuando elevaron sus quejas por "la opresión que padecían a manos de las autoridades locales, tanto eclesiásticas como civiles, por profesar la fe mosaica". Pero el pedido tuvo un efecto contraproducente y despertó la ira del zar Alejandro I, que expulsó a miles de sobotniks a los confines más alejados del imperio.