Una situación un tanto surrealista. En un aula en pleno corazón de Jerusalem, justo al lado de la gran sinagoga, se encontraba delante de mí un grupo de unas veinte personas atentas y con ojos sedientos de aprender. Sabía que estaba en Israel, pero por un momento me sentí transportada a Sudamérica; sus rostros de inocencia profunda, traslucían claramente su apariencia étnica de la amazonía peruana. Si bien me dirigí a ellos en nuestra querida lengua española, el encuentro no se sucedió para rememorar nuestra cultura latinoamericana, sino para exaltar el legado de un pasado en común con me une a ellos: la herencia judía.
Haber tenido el honor de ser invitada a dictar una charla en el Majon Miriam de conversión me dio la oportunidad de conocer a este grupo, llegado hace pocos meses a Israel desde la ciudad de Iquitos. Entre ellos gente adulta y niños. Para ellos éste paso, más que un proceso de conversión es un proceso de retorno, ya que sus abuelos o bisabuelos fueron judíos marroquíes que por las dificultades económicas y el antisemitismo inmigraron a la selva peruana en la época del auge del caucho, a partir de los años ochenta del siglo XIX.