El Blog

El próximo mes de mayo se cumplirán tres años del primer seminario que Shavei –entonces Amishav- celebró en Barcelona. Un encuentro gozoso entre chuetas, anusim, y una organización dedicada a promover el retorno de los hijos perdidos de Israel que, por escribirlo claramente, cambió mi vida. Siempre he recordado aquellos días catalanes como unos de los más felices de mi existencia. Lo que me estaba ocurriendo me parecía imposible: por primera vez mi solitario peregrinaje en busca de mis remotas raíces judías era origen de atención y no sólo de curiosidad.
Se ha nombrado un nuevo rabino para reconstruir la comunidad judía de la ciudad polaca de Cracovia, a corta distancia de Auschwitz.      Abraham Flaks, a sus 38 años, se ha convertido en el primer rabino de Cracovia desde el Holocausto. Debe ser el sueño del destino. La ciudad al sur de Polonia fue un centro de erudición judía por más de 700 años. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, era el hogar de unos 60000 judíos – un cuarto de la población local. La literatura judía está llena de historias de Cracovia: las fábulas de los golems, la sabiduría de sus rabinos, los casamenteros, el día de mercado y las coloridas fiestas como sucot, pesaj y januca. Pero ser el rabino de Cracovia significa cargar con la abrumadora responsabilidad por estar en el más grande cementerio judío: Auschwitz. De alguna forma el rabino Flaks deberá devolver la luz a la comunidad judía viviente – y enfrentarse a las terribles sombras dejadas por el cercano campo de concentración.
El Rabinato ha decidido reconocer como judíos a los miembros de una antigua tribu de la India conocida como los "Shing-Long" y asegura que son los descendientes de una de las 10 tribus perdidas de Israel.  La máxima instancia religiosa del Estado de Israel ha fallado que los "Shing-Long" -también autodenominados "Lu-Shi" (literalmente "Las Diez Tribus"), son los descendientes del bíblico Menashé y por lo tanto judíos en potencia. 
Para todos los presentes, fue una escena tan notable como conmovedora. La joven pareja, recientemente arribada al país desde la India, se hallaba sentada frente a los tres miembros de la Corte Rabínica de Conversiones, respondiendo preguntas en una gama que abarcaba desde la filosofía judía hasta cuestiones relativas a la observancia ritual. El examen era exigente, estaba destinado a comprobar la magnitud de su conocimiento de judaísmo y de su compromiso espiritual, y los desafiaba a apelar a los puntos más sutiles de la ley, no menos que a las visiones proféticas de la Redención Final.
La carretera hacia Aizawl serpentea peligrosamente a través de colinas de verde exuberante, con curvas pronunciadas y estrechos senderos sin señalizar, que agregan una sensación tangible de peligro a la excursión. La ruta atraviesa numerosas aldeas, muchas de las cuales son esencialmente pequeños racimos de viviendas precarias construidas de bambú, madera y todo otro material disponible. Luego de un viaje largo y cansador, una camioneta con cuatro rabinos Israelíes arriba al poblado, que es la capital del estado de Mizoram, al noreste de India. Los visitantes frenan ante una edificación cuyo techo metálico exhibe la inscripción: “Shalom Tzion Beit Knesset”.
A varios husos horarios de distancia, en el noreste de la India, viven miles de hombres y mujeres que anhelan unirse al pueblo Judío. Repartidos a lo largo de los pueblos y aldeas de los estados de Mizoram y Manipur en la India, viven según la ley Judía, observan el Shabát y las festividades e incluso rezan en Hebreo, orientando sus rostros, y sus sueños, en dirección a Sión. Autodenominados Bnei-Menashé, o "Hijos de Manasés", ellos creen ser descendientes de la tribu Israelita de Menashé, que fue exiliada de la Tierra de Israel por mano los Asirios,  más de 2.700 años atrás. Pese a haber llevado una vida errante por siglos, han preservado fragmentos de su antigua herencia Judía, y ahora desean retornar a su pueblo.