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Por primera vez, un centro educativo judío ha abierto sus puertas en Brasil con el objetivo de llegar a un gran número de Bnei Anusim que viven en el área Bnei Anusim son los descendientes de los judíos que fueron forzados a convertirse al catolicismo durante la Inquisición que comenzó en el siglo XV. “Beit Aryeh – el Centro para Bnei Anusim de Shavei Israel” se encuentra al norte de Brasil en la ciudad de Recife. Fue fundado por la iniciativa de la Organización Shavei Israel cuya principal sede se encuentra en Jerusalem, la cual trabaja para alcanzar y asistir a los “judíos perdidos” que desean retornar al Pueblo Judío. El centro se encuentra bajo la dirección del rabino Abraham Amitai, quien fue enviado el año pasado como representante oficial de Shavei Israel a Recife, donde también ejerce como rabino de la comunidad judía local. Graduado de un seminario rabínico israelí, el rabino Amitai habla perfectamente hebreo, inglés y portugués. “El centro servirá como un punto central para los Bnei Anusim aquí en el norte de Brasil”, dijó el rabino Amitai, señalando que “hay un gran número de personas en esta parte del país cuyas familias son descendientes de judíos y que desean retornar a sus raíces.” “Ya hemos comenzado a dictar clases”, dijo, “para aquellos interesados en estudiar sobre su legado judío y que desean reconectarse con el Pueblo Judío.” Los temas que se dictan en el centro incluyen idioma hebreo, historia judía y tradición, así como práctica y pensamiento judío. “Los historiadores creen que el noreste de Brasil es el hogar de una de las más grandes concentraciones de Bnei Anusim del mundo”, dice el Presidente de Shavei Israel, Michael Freund. “Los cripto judíos portugueses llegaron a Recife ya en el siglo XVI, y se decía que había unas 10 sinagogas secretas que operaban en el área.” En 1590 la inquisición comenzó a operar en Recife, y muchos “judíos secretos” fueron devueltos a Lisboa, Portugal donde fueron quemados en el estrado a causa de sus creencias, dice Freund. “Sin embargo, muchos otros consiguieron preservar su identidad judía, trasmitiéndola secretamente por generaciones hasta nuestros días, y es nuestra obligación llegar a ellos y ayudarlos a retornar.” El centro se llama “Beit Aryeh” en nombre de padre del tatarabuelo de Freund, R.Aryeh Chaim Kottler z¨l “quien se vio forzado a dejar su hogar en Rusia junto con su familia para escapar de las persecuciones anti-semitas, de modo similar como los ancestros de los Bnei Anusim tuvieron que abandonar España y Portugal para escapar a sus tormentos”. Además de Brasil, Shavei Israel cuenta actualmente con representantes en España y Portugal que trabajan para facilitar el retorno de los Bnei Anusim al Pueblo Judío. Además, esta organización también opera el Majón Miriam, un instituto de conversión en español ubicado en Jerusalem el cual funciona bajo el auspicio del Gran Rabinato de Israel y en donde muchos Bnei Anusim completan formalmente su proceso de retorno al judaísmo.
A cientos de kilómetros al sur de Moscú, en el remoto corazón de Rusia, se encuentra uno de los testimonios más convincentes del poder de convocatoria de la identidad judía. Allí, en la pequeña y nevada aldea de Vysoki, los últimos remanentes de un grupo conocido como los sobotniks se aferran tenaz, pero débilmente, a la religión de Moisés e Israel. Si bien sus orígenes se pierden en la niebla del misterio, los sobotniks, y todo lo que representan, reclaman nuestra atención y nuestra ayuda. Hace más de dos siglos, un numeroso grupo de campesinos rusos de la región de Voronezh decidió convertirse al judaísmo, como parte de lo que los historiadores describen como una inexplicable ola de "sectas judaizantes" que aparecieron en el escenario teológico de ese país. Se los conoció como "sobotniks" por su observancia del Sobot, o Shabat, de los judíos. Si bien no queda claro por qué optaron por ser judíos, una cosa es cierta: se requería mucho coraje para desafiar el antisemitismo y la oprimente discriminación de la Rusia zarista, que difícilmente podía ser considerada como un bastión del filosemitismo. En verdad, desde sus mismos comienzos padecieron terriblemente por su decisión de ser judíos. Simon Dubnow, el gran historiador de la judería en Rusia y Polonia, señaló que los sobotniks llamaron la atención del zar por primera vez en 1817, cuando elevaron sus quejas por "la opresión que padecían a manos de las autoridades locales, tanto eclesiásticas como civiles, por profesar la fe mosaica". Pero el pedido tuvo un efecto contraproducente y despertó la ira del zar Alejandro I, que expulsó a miles de sobotniks a los confines más alejados del imperio.
Durante un enfrentamiento con la guerrilla Hizbala en el Líbano, el Sargento Avi Hangshing oyó una gran explosión y se echó al suelo para cubrirse. Mientras los dos soldados intercambiaban fuego pesado, él gradualmente perdió su oído y su balance. Habiendo sido liberado del ejército para un tratamiento médico la semana pasada, Hangshing dijo que todavía estaba caminando “como un borracho”. La escaramuza libanesa pudo haber sido la batalla más debilitante que Hangshing haya combatido, pero fue a duras penas su primera. Antes que Hangshing haya podido unirse al Ejército de Defensa de Israel, tuvo que luchar para ser recibido en el país.
Por segundo año consecutivo, una vívida exhibición la cual relata la historia y experiencia de los Bnei Anusim (judíos que ocultaron su identidad por miedo a la persecución) llama la atención de la población brasileña, a medida que recorre todo el país de América del Sur.
Después de doce horas de viaje en tren desde Moscú, llegamos a la ciudad de Voronezh, al sur de Rusia. Desde allí viajamos tres horas más hasta la pequeña aldea de Vysochki, en donde encontré uno de los fenómenos más sorprendentes del mundo judío: los sobotniks. No hace falta explayarnos en la descripción de la aldea; bastará con decir que es un fiel reflejo del shtetl presentado en todos los relatos de Sholem Aleijem o S.Y. Agnon. La historia de los prosélitos sobotniks es la historia de la fe judía y su resistencia a lo largo del tiempo, en cualquier circunstancia o lugar. En el pasado, Vysochki era una aldea totalmente sobotnik, un auténtico shtetl en el que se preservaba el sábado y las festividades, se rezaba Shajarit, Minjá y Arvit, había un shojet, un mohel y todo lo necesario para llevar una vida judía. En 1970, el gobierno ruso intentó deshacer la trama judía del lugar y envió allí familias no judías, para que se radicaran en la aldea y dejaran su impronta sobre los habitantes de la misma. Hoy en día viven en Vysochki unas 1.200 personas; 900 de ellas son prosélitos sobotniks. En la CEI en general, y en algunas regiones apartadas de Rusia en particular, existen comunidades de sobotniks que se consideran judíos o, en realidad, rusos de fe mosaica. Con el paso del tiempo preservaron su judaísmo, tanto bajo el régimen zarista como en tiempos del gobierno comunista, más que muchas comunidades judías que tenían dificultades para hacerlo. Como es habitual en grupos de esas características, la población circundante los ve como judíos y no los respeta, sino que manifiesta abiertamente una actitud antisemita.
  Bajo el auspicio de Shavei Israel, el “Segundo seminario de liderazgo para Bnei Menashé” tuvo lugar en el Mirable Resort Hotel en Dhukikhel. El primer seminario fue realizado el año anterior en el mismo lugar.